GeoCities: el día que se apagaron 38 millones de páginas
El 26 de octubre de 2009 Yahoo apagó GeoCities y con ella quince años de web hecha a mano: barrios temáticos, contadores de visitas, libros de firmas y GIF de «en construcción». La salvó un grupo de voluntarios con scripts. Ese fue todo el plan de continuidad.
Hoy, 26 de octubre, se cumplen años del cierre de GeoCities. Yahoo, que la había comprado en 1999, apagó geocities.com el 26 de octubre de 2009.
Con ella se apagaron al menos treinta y ocho millones de páginas —la cifra es de la propia Yahoo— hechas a mano por gente que no se dedicaba a esto.

Ilustración generada con IA para este artículo; no reproduce ninguna página real de GeoCities.
Qué era aquello
GeoCities te daba un trozo de web gratis, y lo organizaba por barrios temáticos. Tu dirección no era un nombre: era una calle y un número. geocities.com/Area51/ para ciencia ficción, /SiliconValley/ para informática, /Hollywood/ para cine. La URL decía de qué iba tu página antes de que la abrieras.
Y dentro, el repertorio completo:
- El GIF del obrero con el pico y el cartel de «en construcción», que era la forma educada de decir que la página no estaba terminada y que nunca lo estaría.
- El contador de visitas en la parte de abajo, con dígitos de marcador deportivo, marcando 00417.
- El libro de visitas, donde escribían tres personas de las cuales dos eras tú.
- El MIDI de fondo que empezaba a sonar sin avisar y que no se podía parar.
- Fondos de estrellas, texto centrado, la etiqueta
<marquee>y letras con degradado.
Era espantoso. Era maravilloso. Y era, sobre todo, gente normal publicando sin permiso de nadie: aprendiendo HTML a base de mirar el código fuente de otras páginas, que es como aprendió a hacer webs prácticamente toda mi generación.
Es la web que describía Berners-Lee cuando publicó el proyecto en un foro: un sitio donde cualquiera monta lo suyo y enlaza a lo de los demás. GeoCities fue, durante quince años, uno de sus barrios más poblados.
El día que se apagó
Yahoo anunció el cierre con meses de antelación y ofreció opciones de pago para migrar. Y aun así, el 26 de octubre de 2009, quince años de web se quedaron sin dirección de golpe.
No hubo drama público proporcional a la pérdida, porque lo que se perdía no le importaba a nadie con capacidad de protestar. Eran páginas de aficionados a los acuarios, fanpages de series canceladas, colecciones de recetas de la abuela, apuntes de universidad, diarios de adolescentes de 1997.
Lo salvó, en buena parte, un grupo de voluntarios. Archive Team se pasó unos seis meses rastreando el sitio a la desesperada y acabó con un archivo enorme —unos 640 GB comprimidos— que hoy sigue disponible. No es una copia completa: es lo que dio tiempo a salvar.
Un puñado de voluntarios con scripts. Ese fue todo el plan de continuidad de quince años de historia cultural.
La lección, que es aburridísima y sigue siendo verdad
Si tu contenido vive en la plataforma de otro, tu contenido es de otro.
No en el sentido legal —los términos de servicio suelen decir que sigue siendo tuyo—, sino en el único sentido que importa: el día que decidan apagar, tú no participas en la decisión. Tener derechos sobre tus datos no te da derecho a que el servicio siga encendido.
Y no es un problema del pasado. Ahora mismo:
- Tu catálogo de producto en un marketplace, cuya cuenta se puede suspender por un algoritmo un martes por la mañana.
- Los vídeos de formación de tu empresa alojados en una plataforma gratuita.
- La documentación interna en una herramienta que puede ser adquirida y descontinuada.
- Los años de conversación de tu equipo en un chat con retención limitada del plan gratuito.
- El correo, los contactos y los calendarios de una empresa entera en una cuenta que un día puede quedar bloqueada por un impago o una verificación fallida.
Ninguna de esas cosas es un error. Usar servicios de terceros es razonable y el 99 % del tiempo es la decisión correcta. Lo que es un error es no haber probado nunca la salida.
Las tres preguntas de la salida
Cógelas y aplícalas al servicio del que más dependas:
- ¿Puedo exportar mis datos? Buscar el botón. Que exista.
- ¿En qué formato salen? Un ZIP con HTML generado no es lo mismo que un JSON documentado. Si el formato solo lo entiende esa herramienta, no has exportado: has descargado un recuerdo.
- ¿He probado a importarlo en otro sitio? Esta es la que nadie hace, y es la única que responde la pregunta de verdad. Es exactamente el mismo problema que una copia de seguridad que nunca se ha restaurado: hasta que no lo pruebas, no tienes una copia, tienes una hipótesis.
Media hora por servicio basta para saber si hay puerta. Comprobar que sigue abierta, una vez al año.
Y una recomendación que va contra la corriente
Ten un dominio propio.
No hace falta un blog, ni una web elaborada, ni publicar nada con regularidad. Basta un dominio a tu nombre con el correo apuntando ahí. Cuesta unos euros al año y, mientras lo renueves, tu dirección de correo y tus URL siguen siendo las mismas aunque cambies de alojamiento, de correo o de país. Tus datos tendrás que llevártelos tú, pero sabrás adónde.
Es el equivalente moderno de la lección de GeoCities, y también es la razón por la que este blog está en un dominio mío y no en la plataforma de publicación de moda de este trimestre. Cuando esa plataforma cierre —y cerrará—, esto seguirá aquí, con las URL intactas.
Feliz aniversario, tristemente
Tres cosas para hoy:
- Exporta tus datos del servicio del que más dependas y ábrelos. Solo eso.
- Haz la lista de dónde vive lo que no puedes perder. Si algún renglón dice «solo en la nube de X», ya tienes trabajo.
- Búscate en Archive.org. Si tuviste una página en los 2000, es posible que siga ahí. Yo he recuperado cosas mías que daba por perdidas.
(Y si te encuentras el GIF del obrero picando: descárgatelo. Es de las pocas cosas de aquella época que sigue describiendo con exactitud el estado de cualquier proyecto.)
Preguntas frecuentes
¿Qué era GeoCities y cuándo cerró?
Fue un servicio de alojamiento web gratuito, creado a mediados de los años noventa y adquirido por Yahoo en 1999, que permitía a cualquier usuario publicar páginas personales. Su rasgo distintivo era la organización de las direcciones en barrios temáticos que indicaban la materia del sitio. El servicio se cerró el 26 de octubre de 2009, momento en el que albergaba, según la propia Yahoo, al menos treinta y ocho millones de páginas.
¿Se perdió todo el contenido?
No en su totalidad. El colectivo de voluntarios Archive Team llevó a cabo una recopilación sistemática del sitio durante los meses previos al cierre, generando un archivo de unos 640 gigabytes comprimidos que sigue estando disponible públicamente, aunque no es una copia completa. Buena parte del material también quedó registrada en iniciativas generales de archivo web. La preservación, en cualquier caso, dependió de la iniciativa voluntaria y no de un plan de la empresa que operaba el servicio.
¿Qué riesgo implica alojar contenido en plataformas de terceros?
Que la continuidad del servicio depende de decisiones ajenas frente a las cuales no existe recurso práctico. Las condiciones de uso suelen reconocer la titularidad del contenido al usuario, pero esa titularidad no confiere capacidad de intervención cuando la plataforma se descontinúa, la cuenta se suspende automáticamente o el proveedor es adquirido y su producto retirado. El riesgo no reside en utilizar servicios externos, sino en no haber verificado nunca la vía de salida.
¿Cómo se comprueba si un servicio permite salir de él?
Mediante tres verificaciones sucesivas. Primero, confirmar que existe una función de exportación accesible al usuario. Segundo, examinar el formato resultante, dado que un volcado que solo puede interpretar la propia herramienta no constituye una exportación utilizable. Y tercero, realizar efectivamente la importación en un sistema alternativo, comprobación que rara vez se ejecuta y que es la única que acredita la portabilidad real de los datos.
¿Por qué se recomienda disponer de un dominio propio?
Porque permite cambiar de proveedor sin cambiar de dirección. Un dominio registrado a nombre propio permite conservar las direcciones de correo y las URL publicadas al cambiar de alojamiento, de correo o de plataforma de publicación, a un coste anual reducido, siempre que se mantenga renovado. No conserva por sí solo los contenidos ni los datos —eso exige exportarlos—, pero evita que la desaparición de un servicio invalide referencias acumuladas durante años.
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