«¿Esto lo hacen de verdad?»: el reto que no pude confirmar y el juego que sí existe
Me llegó la descripción de un reto terrible: alcohol, vueltas por el suelo y alguien que te deja sin aire. Antes de reenviarlo lo busqué y no pude confirmarlo. Lo que sí encontré es una práctica con décadas de historia y muertes documentadas, y una buena razón para no ponerle nombre.
Hace unos días me llegó, de segunda mano, la descripción de un supuesto reto. Chavales de fiesta, un móvil grabando, alcohol, vueltas por el suelo hasta marearse y alguien que después hace que el mareado se quede unos segundos sin aire.
No voy a describir cómo se hace ni a buscarle un nombre, y más abajo explico por qué.
Mi primera reacción fue la de un aita: un nudo en el estómago y las ganas de reenviarlo a todos los grupos de padres que tengo en el móvil. La segunda, por suerte, fue la de alguien que se gana la vida en internet y ha visto demasiados bulos: antes de reenviar nada, comprobarlo.
Así que lo busqué. Esto es lo que encontré y lo que no.

Ilustración generada con IA para este artículo. No representa ningún caso real.
Lo que no encontré
No he encontrado ninguna fuente fiable que documente ese reto concreto. Ni en español ni en inglés. Ni noticias contrastadas, ni avisos de sanidad, ni literatura médica. Sí aparecen retos de beber hasta perder el conocimiento, que tienen su propio historial de ingresos hospitalarios, y sí aparecen, por separado, prácticas que se parecen a la segunda mitad del relato. La secuencia completa, tal y como me llegó, no.
Conviene ser preciso con lo que significa eso, porque es fácil pasarse en las dos direcciones. No significa que sea mentira. Puede ser algo que hace un grupo concreto en un sitio concreto y que nunca ha llegado a una redacción. Puede ser una sola noche que alguien vio y contó. Puede ser un relato que ha ido cambiando de boca en boca hasta mezclar dos cosas distintas. Lo que sí significa es que no puedo escribir «el nuevo reto viral que hacen los jóvenes», porque no tengo nada que lo sostenga, y escribirlo sería convertir un rumor en un titular.
Y en la búsqueda apareció otra cosa, que me ha inquietado bastante más que el rumor.
Lo que sí encontré
La segunda mitad del relato —quedarse sin aire hasta marearse, a veces con ayuda de otro— tiene nombre desde hace décadas. En inglés lo llaman choking game o, desde que pasó por las redes, blackout challenge. En español, el juego de la asfixia o el juego del desmayo. Consiste en reducir durante unos segundos el oxígeno que llega al cerebro para notar un breve aturdimiento eufórico.
No es una moda de TikTok. En febrero de 2008 los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) publicaron un informe que identificaba 82 muertes probables asociadas a esta práctica entre menores de 6 a 19 años, entre 1995 y 2007. El 86,6 % eran chicos y la edad media era de 13,3 años. Dos matices que el propio informe subraya, y que conviene no perder: lo que los CDC contaban eran casos de estrangulamiento —con las manos o con un lazo—, y los contaron a partir de noticias de prensa, porque no existe ningún registro oficial que recoja estas muertes. Es decir, la cifra real no se conoce, y el informe advierte de que ese método de búsqueda es poco fiable en ambos sentidos. Y un dato más, que es el que más me cuesta leer: de las 70 muertes con información suficiente, el 95,7 % ocurrieron estando solos.
Tampoco es algo que pase solo en otros países. En 2010, Anales de Pediatría publicó el caso de un chico de 15 años de Cataluña, estudiado por el Instituto de Medicina Legal. El artículo describe las formas más conocidas de la práctica y menciona expresamente variantes en las que, en vez del cuello, lo que se comprime es el pecho. Eso se parece bastante a la parte del rumor que más me estremeció, aunque no confirma la secuencia entera. La relación la hago yo, no la fuente.
Lo que sí han cambiado las redes es el camino por el que llega. En diciembre de 2021, Nylah Anderson, una niña de diez años de las afueras de Filadelfia, murió después de intentar el blackout challenge en su casa. Según la demanda de su madre, el vídeo le llegó a la pestaña «Para ti» de TikTok: no lo buscó, se lo sirvieron. En agosto de 2024, un tribunal federal de apelaciones de Estados Unidos resolvió que TikTok no podía escudarse en la ley que protege a las plataformas por lo que publican sus usuarios, porque recomendar un vídeo a una niña que no lo había pedido es una decisión de la propia plataforma. La demanda sigue su curso, y es pronto para saber cómo acabará.
En enero de 2021, en Palermo, una niña de diez años murió en circunstancias que la prensa italiana vinculó con el mismo reto. El Garante de protección de datos italiano ordenó a TikTok bloquear a los usuarios cuya edad no pudiera verificarse, y la plataforma se comprometió a bloquear a los que se habían registrado con menos de trece años.
De esa pestaña que decide qué ves sin que lo pidas ya escribí en agosto. Allí hablaba de horas perdidas. Aquí la misma mecánica tiene otro precio.
El alcohol no lo suaviza
Si el rumor fuera cierto, añadiría dos cosas a una práctica que ya es mortal por sí sola, y ninguna de las dos la hace más segura.
La primera es el propio alcohol. El Instituto Nacional sobre el Abuso de Alcohol de Estados Unidos (NIAAA) recuerda que, en dosis altas, el alcohol deprime las zonas del cerebro que controlan la respiración y puede reducir los reflejos que protegen las vías respiratorias: alguien que pierde el conocimiento borracho puede ahogarse con su propio vómito.
La segunda es el grupo. Esto ya es inferencia mía, no de una fuente, pero creo que es fácil de defender: un grupo de chavales que ha bebido y que se lo está pasando bien es el peor equipo posible para darse cuenta de que uno de ellos no se está riendo, se ha quedado sin respirar.
Y una cosa que conviene tener clara, se oiga lo que se oiga: no existe una forma controlada de dejar a alguien sin oxígeno. La diferencia entre marearse y convulsionar, o entre convulsionar y no volver, no la ve nadie desde fuera.
Por qué no le pongo nombre
Podría haber titulado este artículo con el nombre del reto, si lo tuviera. Habría tenido más visitas. Y habría sido exactamente el error que quiero evitar.
En febrero de 2019, el Reino Unido vivió un pequeño pánico con el llamado «reto Momo»: una figura siniestra que, supuestamente, aparecía en vídeos infantiles e incitaba a los niños a hacerse daño. Full Fact, la organización británica de verificación, no encontró ninguna prueba clara de que un solo niño hubiera recibido ese reto tal y como se describía, ni en el Reino Unido ni fuera. La policía de Irlanda del Norte publicó un aviso reconociendo que no le había llegado ninguna denuncia y basándose solo en «informaciones de prensa»; la prensa tomó el aviso de la policía como confirmación; los colegios reenviaron el aviso a las familias. En pocos días, tres de las seis noticias más compartidas en Facebook en el Reino Unido eran sobre Momo. Un reto del que no había ni un caso comprobado entró en miles de casas de la mano de los adultos que querían proteger a los niños.
No es solo una anécdota. En noviembre de 2021, TikTok encargó una encuesta a más de diez mil adolescentes, padres y profesores de diez países, y el informe lo redactó una consultora independiente de protección de menores, Praesidio Safeguarding. Conviene saber quién pagó el estudio; también conviene reconocer que la plataforma lo hizo y cambió su política a partir de él. Entre los adolescentes que se habían topado con uno de estos bulos de autolesión, el 31 % dijo haber sufrido algún efecto negativo, y de esos, el 63 % hablaba de su salud mental. Los padres, por su parte, mostraban la misma duda que yo tengo delante: el 37 % sentía que es difícil hablar de estos bulos sin despertar el interés por ellos. A partir de ese informe, TikTok empezó a retirar los avisos alarmistas y a dejar los que desmontan el pánico.
De ahí salen las tres reglas que me he puesto para este artículo: no inventarle un nombre atractivo al supuesto reto, no explicar cómo se hace y no enlazar ningún vídeo.
Tampoco son todos
Hay una segunda forma de equivocarse con esto, y es la contraria: pasar de «este reto existe» a «los chavales están haciendo locuras».
Los datos no dicen eso. Un estudio de la Universidad Internacional de La Rioja, publicado en 2022 en Current Psychology, preguntó a 417 preadolescentes españoles de 10 a 14 años qué retos habían hecho. El 80,3 % había hecho retos sociales, de los de bailes, bromas y juegos, y el 20,6 %, retos solidarios. Los peligrosos aparecían en el 7,7 %. La encuesta encargada por TikTok, con otra metodología y otra definición, dejaba en un 0,3 % a los adolescentes que decían haber participado en un reto que ellos mismos consideraban muy peligroso. Las dos cifras no se pueden comparar entre sí, pero apuntan en la misma dirección.
Un 7,7 % no es poco. Pero es un problema de unos pocos, no un retrato de toda una generación. Y lo que el estudio de La Rioja relaciona con esos retos tiene poco de exótico: el miedo a quedarse fuera, las ganas de gustar al grupo. Eso lo teníamos también nosotros a su edad, solo que sin un móvil grabando.
Lo que sí se puede hacer
No soy pediatra ni psicólogo, así que esto es criterio de aita, no consejo profesional.
Preguntar antes que avisar. «¿Os ha llegado algo de retos raros?» abre una conversación; «que sepáis que hay un reto que consiste en…» es enseñar el reto. Los padres del estudio de TikTok tenían razón en que es difícil. No significa que haya que callarse, pero sí que el primer paso es escuchar lo que ya saben.
Explicar el mecanismo, no el procedimiento. No hace falta describir nada para decir lo importante: que quedarse sin oxígeno no se controla, que el cerebro es lo primero que falla y que no hay ningún número de segundos que sea seguro.
Saber qué señales miran los médicos. Los CDC y la literatura pediátrica coinciden en algunas: dolores de cabeza intensos y repentinos, ojos enrojecidos, marcas en el cuello, desorientación después de haber estado a solas, cuerdas o cinturones atados a muebles o pomos. Ninguna prueba nada por sí sola. Son motivo para preguntar, no para acusar.
Si hay un caso concreto, hablar con el colegio o con las familias. No con el grupo de WhatsApp. Un rumor en el grupo de padres acaba como el reto Momo: llega a todos los que no debería.
Si alguien pierde el conocimiento o respira con dificultad, lo primero es llamar al 112.
Si está inconsciente pero respira, se le coloca en posición lateral de seguridad —de lado, para que un vómito no le obstruya la respiración— y se le vigila hasta que llegue la ayuda. Si no respira con normalidad, se empieza la reanimación cardiopulmonar siguiendo las indicaciones que da el propio 112 por teléfono.
Y nunca, bajo ningún concepto, se sigue apretándole el pecho o el abdomen «para que se le pase».
El rumor, al final
Sigo sin saber si ese reto existe. Puede que la semana que viene aparezca en las noticias y este artículo se quede corto; puede que no aparezca nunca porque nunca fue más que un cuento mal contado.
Pero me he dado cuenta de que la respuesta práctica no cambia. Exista o no, en casa la conversación necesaria es prácticamente la misma, las señales de peligro también y el número al que llamar no cambia. Lo único que cambia es qué hago con el rumor. Y lo que he decidido hacer es no reenviarlo.
El informe de los CDC es «Unintentional Strangulation Deaths from the "Choking Game" Among Youths Aged 6–19 Years — United States, 1995–2007» (MMWR, 15 de febrero de 2008). El caso de Cataluña es «El juego de la asfixia: un juego potencialmente mortal», de Barbería Marcalain y otros (Anales de Pediatría, 2010). La sentencia del caso de Nylah Anderson es Anderson v. TikTok, Inc. (Tercer Circuito, 27 de agosto de 2024). La decisión del Garante italiano, aquí. Sobre el alcohol, la guía del NIAAA. La verificación del reto Momo es de Full Fact (1 de marzo de 2019). La encuesta encargada por TikTok está resumida en su sala de prensa (17 de noviembre de 2021). El estudio de la Universidad Internacional de La Rioja es «Viral internet challenges scale in preadolescents: An exploratory study», de Ortega-Barón y otros (Current Psychology, 2022). La posición lateral de seguridad, explicada por Cruz Roja.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el juego de la asfixia o blackout challenge?
Es una práctica en la que se reduce durante unos segundos el oxígeno que llega al cerebro para notar un breve aturdimiento eufórico. No es nueva: los CDC de Estados Unidos identificaron 82 muertes probables de menores de 6 a 19 años asociadas a ella entre 1995 y 2007, y con las redes sociales ha reaparecido con el nombre de blackout challenge. No existe una forma controlada de hacerlo: la diferencia entre marearse y sufrir daños graves no se ve desde fuera.
¿Hay que avisar a otros padres cuando llega el rumor de un reto viral?
Antes de reenviarlo conviene comprobarlo. El caso del reto Momo, en 2019, mostró cómo los avisos de policía, prensa y colegios difundieron un reto del que no había casos comprobados. Si hay un caso concreto, lo razonable es hablar con el colegio o con las familias implicadas. Si solo hay un rumor, es mejor hablar de los riesgos en general, sin nombre llamativo ni instrucciones.
¿Qué hacer si alguien pierde el conocimiento durante uno de estos retos?
Llamar al 112. Si está inconsciente pero respira, colocarlo en posición lateral de seguridad y vigilar la respiración hasta que llegue la ayuda. Si no respira con normalidad, empezar la reanimación cardiopulmonar siguiendo las indicaciones del 112. Nunca seguir apretándole el pecho o el abdomen.
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