Ada Lovelace fue mucho más que «la primera programadora»
Hoy es el Ada Lovelace Day. La Nota G de 1843 se cita como el primer programa, y esa etiqueta se queda corta. Lo mejor de sus notas es otra cosa: dejó escrito que una máquina programable puede trabajar con algo más que cantidades, y planteó la pregunta que seguimos haciéndole a la IA.
Hoy es el Ada Lovelace Day, la jornada internacional dedicada a dar visibilidad a las mujeres en ciencia y tecnología.
Conviene decir de entrada que la fecha ha bailado. La creó Suw Charman-Anderson en 2009 con una idea muy concreta —un compromiso colectivo: yo escribo sobre una mujer del sector que me inspira si otras mil personas hacen lo mismo— y las dos primeras ediciones se celebraron en marzo. Se movió a octubre en 2011 y tardó unos años en asentarse. Hoy se celebra el segundo martes de octubre, que este año cae en 13.
Y ya que la efeméride va de atribuciones, empecemos por la de la propia Ada.

El «molino» de la máquina analítica, la unidad que hacía las operaciones, en el Science Museum de Londres. Charles Babbage nunca terminó la máquina: este fragmento lo construyó su hijo Henry a partir de los planos del padre y lo acabó en 1910. Foto: Marcin Wichary, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.
Lo que se dice y lo que se puede sostener
La frase que se repite es que Ada Lovelace escribió el primer programa de la historia. La versión larga es más interesante.
En 1843 tradujo al inglés un artículo del matemático italiano Luigi Menabrea sobre la máquina analítica de Charles Babbage. Y al traducirlo le añadió unas notas propias, etiquetadas de la A a la G, que ocupaban más del triple que el artículo original.
La última, la Nota G, contiene un procedimiento detallado para calcular los números de Bernoulli con la máquina. Es lo que se cita como el primer programa.
Esa frase mete en el mismo saco cuatro preguntas distintas:
- Quién escribió antes un procedimiento para la máquina. Babbage, que entre 1837 y 1840 dejó en sus cuadernos más de veinte, según los estudió el historiador Allan Bromley. No los publicó.
- Quién lo publicó antes. Menabrea, cuyo artículo de 1842 —el que ella tradujo— ya traía ejemplos de ese tipo.
- Cómo trabajaron los dos. Fue una colaboración, con cartas de ida y vuelta. El propio Babbage contó en sus memorias que él le propuso el cálculo de Bernoulli y que ella se lo devolvió tras encontrarle un error grave. Hay un debate académico real sobre cuánto de la Nota G es de cada uno, con manuscritos en la mano por ambas partes.
- Qué llamamos programa. La Nota G es un procedimiento detallado, explicado paso a paso. Que eso la convierta en «la primera» depende de qué entendamos por programa y de qué criterio de prioridad usemos.
Nada de eso le quita el mérito. Lo que pasa es que la etiqueta se queda corta. Como en la polilla del Mark II, la anécdota que se cuenta bien ha desplazado al hecho. Y como allí, lo que hay debajo del mito es mejor que el mito.
La visión que fue más allá del cálculo
Babbage venía de diseñar máquinas para calcular tablas, y la analítica era otra cosa: una máquina programable, con el almacén de datos separado de la unidad de operaciones, de alcance mucho mayor que todo lo anterior. Pero la conversación de la época seguía girando alrededor de los números: aritmética, tablas de logaritmos, errores de cálculo, artillería, navegación.
Ada Lovelace escribió, en aquellas notas, que si los números que la máquina manipula pudieran representar otras cosas —relaciones entre sonidos, por ejemplo—, la máquina podría operar sobre esas cosas. Llegó a poner el ejemplo de componer piezas musicales elaboradas.
Léelo otra vez, porque es el salto entero: una máquina programable puede trabajar con algo más que cantidades. Los números dejan de ser solo cantidades y pasan a ser representaciones de música o de cualquier otra cosa que sepas codificar.
Babbage había diseñado la máquina, pero quien dejó escrita esa consecuencia, negro sobre blanco, fue ella. El Computer History Museum dice que fue la primera en formularlo de forma explícita y que en eso parece haber visto más lejos que Babbage. Es la diferencia entre entender cómo funciona una cosa y entender qué es.

Ada Lovelace retratada por Margaret Sarah Carpenter hacia 1836. Cuadro: Margaret Sarah Carpenter, dominio público, vía Wikimedia Commons.
Y de paso, dejó planteado el debate de 2026
En esas mismas notas hay otra idea que ha resultado ser sorprendentemente longeva: que la máquina no puede originar nada, que solo puede hacer aquello que sepamos ordenarle que haga.
Cien años después, Alan Turing la citó explícitamente por su nombre en su artículo de 1950 sobre inteligencia de las máquinas, y dedicó un apartado a rebatirla. Se conoce como «la objeción de Lovelace».
Es, con otras palabras, la discusión que estás teniendo en el trabajo esta semana. Si un modelo produce algo que no estaba en sus datos, ¿ha originado algo o ha recombinado? ¿Es una diferencia real o solo una definición nuestra de «originar» que vamos moviendo cada vez que la máquina la alcanza?
No tengo una respuesta y desconfío bastante de quien la tenga muy clara en cualquiera de los dos sentidos. Lo que sí me parece notable es que la pregunta lleve ciento ochenta años formulada, con precisión, por alguien que nunca vio funcionar la máquina de la que hablaba.
La lección práctica: las notas no eran un añadido menor
Vuelvo a un detalle que he mencionado de pasada y que es, para el trabajo diario, lo más útil de todo esto.
Ella no construyó la máquina. Tradujo el artículo de otro y le añadió notas. Y esas notas triplicaban el original y son una de las razones por las que seguimos hablando de aquel proyecto.
Es un patrón que se repite constantemente y que casi nadie valora mientras ocurre:
- La documentación de una librería acaba siendo más valiosa que la librería, porque es lo que permite que la usen mil personas en vez de tres.
- El documento donde alguien explica por qué el sistema está montado así vale más, a los cinco años, que el propio código.
- El comentario que explica qué representa este número raro sobrevive a seis refactorizaciones del método que lo rodea.
- La persona que traduce lo que hace el equipo técnico a lo que significa para el negocio no está «solo comunicando»: está haciendo el trabajo que decide si aquello se usa.
Escribir qué es una cosa es un trabajo distinto de construirla, y sistemáticamente peor pagado y peor reconocido. También es, con mucha frecuencia, lo único que queda. Esa es la otra cara del problema de dónde se documenta lo que aprendemos.
Feliz día
Cuatro cosas para hoy:
- Escribe a una mujer del sector cuyo trabajo te haya servido y díselo. Encaja con el espíritu del día y cuesta cinco minutos.
- Coge tu proyecto y escribe un párrafo de qué es, no de qué hace. Si no te sale, ese es el descubrimiento del día.
- Busca en tu código el número mágico peor documentado y explica qué representa. No qué vale: qué representa.
- Revisa a quién atribuyes las cosas en tu equipo. Las atribuciones se fijan por repetición, y la persona que lo cuenta mejor no siempre es la que lo hizo.
(Y si alguien te dice que fue la primera programadora, no hace falta discutir: basta con contarle lo de la música, que es mucho mejor historia.)
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se celebra el Ada Lovelace Day?
Actualmente el segundo martes de octubre. La celebración fue creada por Suw Charman-Anderson en 2009 y sus dos primeras ediciones tuvieron lugar en marzo; se trasladó a octubre en 2011 y su fecha exacta varió durante los primeros años antes de fijarse. Conviene comprobar el día concreto de cada año en lugar de asumir una fecha fija, dado que se trata de una efeméride móvil.
¿Qué es la Nota G?
Es la última de las siete notas que Ada Lovelace añadió a su traducción inglesa, publicada en 1843, de un artículo de Luigi Menabrea sobre la máquina analítica de Charles Babbage. Contiene un procedimiento detallado para calcular los números de Bernoulli mediante dicha máquina. El conjunto de notas ocupa más del triple de extensión que el artículo traducido y es la parte de la obra por la que hoy se recuerda aquel trabajo.
¿Fue realmente el primer programa de la historia?
Depende de la definición. Babbage había escrito antes más de veinte procedimientos para su máquina que no publicó, y el artículo de Menabrea de 1842 ya incluía ejemplos de ese tipo. La Nota G salió de una colaboración entre Lovelace y Babbage, y existe un debate académico sobre cuánto aportó cada uno. La Nota G ofrece un procedimiento detallado para calcular los números de Bernoulli; su reconocimiento como primer programa depende de qué se entienda por programa y del criterio de prioridad que se utilice.
¿Cuál fue su aportación conceptual más importante?
La observación de que los símbolos manipulados por la máquina no tenían por qué representar cantidades. Señaló que si podían codificar otras entidades, como las relaciones entre sonidos, el dispositivo sería capaz de operar sobre ellas, y mencionó expresamente la posibilidad de componer música. Es decir, que una máquina programable podía trabajar con algo más que cantidades. El Computer History Museum la considera la primera en formularlo de forma explícita.
¿Qué es la objeción de Lovelace y por qué sigue vigente?
Es la afirmación, contenida en sus notas, de que la máquina no puede originar nada y se limita a ejecutar aquello que se le sepa ordenar. Alan Turing la citó nominalmente en su artículo de 1950 sobre inteligencia de las máquinas y le dedicó un apartado específico para rebatirla. La pregunta resuena en el debate contemporáneo sobre si los sistemas generativos producen resultados nuevos o recombinan material presente en sus datos de entrenamiento.
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