Veinticinco pesetas, una cinta y un cartucho
En las recreativas la partida costaba veinticinco pesetas y a mí me duraba poco. Después llegó un Commodore 64 con sus cintas, que yo recuerdo eternas, y luego un cartucho que arrancaba solo. Cambió tres veces lo que había entre un intento y el siguiente; no cambió que al lado hubiera alguien esperando turno.
Leer más →