Cultura

Un móvil no puede costar 3.839 euros

En casa Pablo dijo que el iPhone nuevo costaba cuatro mil euros. Respondí que no se flipara. Luego lo comprobé: el tope son 3.839 €. Y detrás de la cifra aparecen la escalera del almacenamiento, la subida de modelos anteriores y el salto de «tengo un móvil» a «tengo un iPhone».

Esta semana Pablo entró por la puerta con esa cara de haber visto algo enorme y me soltó que el iPhone nuevo cuesta cuatro mil pavos.

Yo respondí en automático, con el repertorio completo: que no se flipe, que un móvil no puede costar eso, que ojo con todo lo que llega por las redes, que estas cosas hay que cogerlas con pinzas y mirarlas en su sitio antes de repetirlas. Un discurso francamente bueno.

Luego lo miré en su sitio.

Lo que cuesta

Apple presentó su gama el miércoles 9 de septiembre. Estos son los precios en España:

256 GB 512 GB 1 TB 2 TB
iPhone 18 Pro 1.469 € 1.719 € 2.219 € 2.969 €
iPhone 18 Pro Max 1.619 € 1.869 € 2.369 € 3.119 €
iPhone Duo 2.339 € 2.589 € 3.089 € 3.839 €

El iPhone Duo es el plegable, el primero de la casa, y su versión de 2 TB es el iPhone más caro que Apple ha puesto nunca a la venta. 3.839 €.

Así que no, no son cuatro mil. Son cuatro mil menos ciento sesenta y uno. Se equivocaba en un 4 %, que es más o menos la precisión con la que yo digo los precios de casi todo.

Y el «desde» tampoco arregla la conversación, porque este año la gama empieza en el Pro: no hay un iPhone 18 a secas. El más barato de los nuevos cuesta 1.469 €.

Tenía yo el método bien y la conclusión mal. Coger las cosas con pinzas está muy bien, pero las pinzas hay que aplicárselas también al «eso es imposible» de uno mismo, que es exactamente igual de gratis que el titular de la red social.

El precio ya no habla solo del teléfono

Aquí es donde el asunto se pone interesante, y no va de que Apple sea cara. Va de que el precio de estos aparatos ya no describe solo el aparato. Y eso se ve en dos sitios de la tabla de arriba.

El primero es la escalera del almacenamiento. Mira lo que cuesta subir de capacidad en cada uno de los tres modelos:

Salto iPhone 18 Pro iPhone 18 Pro Max iPhone Duo
256 GB → 512 GB +250 € +250 € +250 €
512 GB → 1 TB +500 € +500 € +500 €
1 TB → 2 TB +750 € +750 € +750 €

Los mismos tres números en las tres columnas. Da igual que el aparato de partida cueste 1.469 € o 2.339 €: llenarlo del todo son 1.500 € exactos en los tres casos. Esa coincidencia la he sacado yo restando de la lista de precios, no la publica Apple, y dice algo muy concreto: el precio del almacenamiento no sale del almacenamiento. Sale de una escalera comercial que alguien decidió en una reunión, no de multiplicar el coste del componente.

El segundo sitio es mejor todavía, y es la noticia que se ha perdido casi todo el mundo mientras miraba el plegable. Ayer, 10 de septiembre, Apple subió el precio de modelos que ya llevaba tiempo vendiendo y que no habían cambiado:

Modelo Antes Ahora
iPhone 17e 256 GB 709 € 859 € +150 €
iPhone 16 128 GB 859 € 1.009 € +150 €
iPhone 17 256 GB 959 € 1.109 € +150 €
iPhone 17 512 GB 1.209 € 1.359 € +150 €
iPhone Air 256 GB 1.219 € 1.319 € +100 €
iPhone Air 1 TB 1.719 € 2.069 € +350 €

Mismo aparato. Misma caja. Mismo software. Ciento cincuenta euros más que anteayer.

En electrónica de consumo eso no es lo habitual. La curva de un aparato va hacia abajo desde el día que se presenta el siguiente; es de las poquísimas regularidades fiables que tiene este oficio. Un iPhone 16 que sube de precio dos generaciones después de salir no se comporta como electrónica de consumo: se comporta como un objeto cuyo precio ya no lo decide solo el aparato, sino también la categoría que ocupa.

Que conste que hay una causa material y es real: la memoria se ha puesto por las nubes. Counterpoint Research calculó en julio que los componentes del 18 Pro Max costarían unos 300 dólares más que los del modelo anterior, y que más de 250 de esos dólares eran solo memoria NAND —cerca de la mitad de lo que costaba fabricar entero un 17 Pro Max—, porque las fábricas han desviado capacidad a los servidores de los centros de datos de inteligencia artificial. Ese encarecimiento ayuda a explicar lo que cuesta fabricar un teléfono nuevo. Lo que no explica por sí solo es que un modelo que ayer costaba 859 euros, sin ningún cambio técnico, hoy cueste 1.009.

Es curioso: ayer escribía aquí que la IA me da miedo por lo rápido que se acerca el horizonte. Hoy resulta que también llega por otro sitio, mucho menos cinematográfico, en forma de etiqueta de precio en una tienda de la calle Urbieta.

De «tengo un móvil» a «tengo un iPhone»

Llevo años diciendo en casa que no necesitan un iPhone. Y lo sigo pensando, con una precisión que me importa: tampoco necesitan un Android de mil euros. Hay teléfonos de gama alta con capacidades que casi nadie usa, y el problema no es la manzana, es la cifra.

Pero con el iPhone pasa una cosa más, y es la que hace que la conversación en casa no se gane con la tabla de precios. En algún momento del camino se dejó de comprar un teléfono y se empezó a comprar una categoría. Se pasa de «tengo un móvil» a «tengo un iPhone», y son dos frases que no significan lo mismo ni se dicen con la misma cara. La segunda no habla del aparato: habla de en qué grupo estás.

Para eso no hay argumento técnico, porque no es un argumento técnico. Si lo que se compra es pertenecer, la ficha de especificaciones no pinta nada: es como discutir el precio de unas zapatillas por la suela.

Eso no significa que todo el que compra un iPhone esté comprando pertenencia. Hay quien valora el ecosistema, la cámara, los años de actualizaciones, el valor de reventa o sencillamente que lleva tiempo usándolo y no quiere cambiar. Son razones perfectamente válidas. Lo que digo es que, además de todo eso, la marca ha conseguido que el nombre del aparato diga algo que no dicen los demás. Y está bien: yo tampoco elijo todo lo que compro después de montar una tabla comparativa.

Sí sirve, en cambio, poner la cifra al lado de otras cifras. El salario mínimo en España está este año en 1.221 € brutos al mes en catorce pagas. El iPhone más caro equivale a algo más de tres mensualidades brutas del salario mínimo, y el más barato de los nuevos, a algo más de una. No es un juicio moral sobre quien lo compre —hay quien se gasta eso en una bici, y yo he gastado peor—, es solo la escala real de lo que estamos hablando cuando decimos «un móvil».

El coste que no está en la etiqueta

Hay otra parte que me preocupa más que el dinero, y no es una sensación: en Barcelona, los teléfonos son el objetivo del 45 % de las sustracciones contabilizadas como robos, con una media de quince al día. En abril de este año entró en vigor la Ley Orgánica 1/2026, la de multirreincidencia, que introdujo un supuesto agravado específico para la sustracción de teléfonos móviles: en determinados casos de reincidencia, el hurto pasa a considerarse menos grave y puede castigarse con entre seis y dieciocho meses de prisión. Cuando el legislador le dedica una previsión propia a un objeto concreto, es que ese objeto se ha convertido en un problema propio.

Pablo por la calle con un aparato de dos mil euros en la mano, en la parada del autobús, a las once de la noche, está en una situación distinta que con uno de trescientos. No porque vaya a pasarle nada, sino porque el día que se lo quiten —o se le caiga al water, que seguramente sea un final bastante más probable— la conversación de casa va a ser proporcional al precio.

Y esa es la parte que no aparece en ninguna comparativa: lo que cuesta un teléfono no termina en la etiqueta. Sigue en el seguro, en la funda, en el cuidado con el que se saca del bolsillo y en la cara que se le pone a uno cuando el crío dice que se lo ha dejado en el vestuario.

La capacidad que casi nadie necesita

Volviendo a los 1.500 € del almacenamiento, que es la parte donde de verdad se puede decidir bien.

Dos terabytes son, echando la cuenta con los ~400 MB por minuto que ocupa el vídeo 4K a 60 fotogramas de estos teléfonos, en torno a ochenta y cinco horas de grabación. Ochenta y cinco horas. Tres días y medio seguidos de vídeo en máxima calidad, guardados en un bolsillo, en un aparato que se puede perder, y con el riesgo de que no exista una copia en ningún otro sitio.

El problema de comprar esa capacidad por adelantado es que se paga entera aunque quizá no llegue a utilizarse, mientras que la copia de seguridad que sí hace falta se paga todos los meses y se agradece un solo día.

A primeros de mes escribía aquí sobre el Nokia 3310 y el presupuesto de complejidad: aquel teléfono duraba una semana en parte por todo lo que no hacía. La versión doméstica de aquel argumento es esta. El espacio que sobra tiende a llenarse, y lo que se llena hay que respaldarlo, migrarlo al teléfono siguiente y poder encontrarlo dentro de seis años.

Cómo acabó la conversación

Pues acabó bien, que es lo raro de las conversaciones que empiezan con un titular.

Le enseñé la tabla. Pablo vio que casi había acertado y disfrutó de eso lo que tenía que disfrutarlo. Vio también que el número que había repetido era el del modelo más caro de la configuración más cara del aparato más caro, que es la forma en que se cuentan estas cosas para que se repitan. Y de ahí salió sola la única pregunta que sirve para cualquier compra de estas: ¿cuál de todos estos números es el que me tocaría pagar a mí, y a cambio de qué?

Yo no necesito un iPhone. Sigo sin necesitarlo y no me veo pagando tres mensualidades del salario mínimo por un teléfono, ni por el plegable, ni por los dos terabytes que no voy a llenar. Pero tampoco tengo un discurso preparado para quien sí lo quiere: hay gente que trabaja con la cámara, gente que valora el ecosistema, gente a la que ese aparato le dura seis años y gente que sencillamente ha decidido gastarse ahí su dinero, que para eso es suyo.

Lo que sí me llevo es lo del principio, y va más para mí que para él. Me llegó un dato por un canal poco fiable, sonaba a exageración y lo descarté sin comprobarlo. Estaba bien. Las pinzas son igual de necesarias para lo que te cuentan que para lo que ya das por hecho, y las segundas son las que no se revisan nunca.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto cuesta el iPhone más caro en España?

El modelo más caro de la gama presentada el 9 de septiembre de 2026 es el iPhone Duo, el primer plegable de Apple, en su versión de 2 TB: 3.839 euros. Es el iPhone más caro que la compañía ha comercializado. Las versiones inferiores del mismo modelo cuestan 2.339 euros (256 GB), 2.589 euros (512 GB) y 3.089 euros (1 TB). Los tope de gama de los otros dos modelos se quedan en 3.119 euros el iPhone 18 Pro Max de 2 TB y 2.969 euros el iPhone 18 Pro de 2 TB.

¿Cuál es el iPhone nuevo más barato?

El iPhone 18 Pro de 256 GB, a 1.469 euros. Este año la gama nueva empieza directamente en el modelo Pro: no se presentó un iPhone 18 estándar. Quien busque un precio más bajo tiene que ir a los modelos de generaciones anteriores que siguen a la venta, que también subieron de precio el 10 de septiembre.

¿Por qué han subido de precio los iPhone antiguos si no han cambiado?

El 10 de septiembre de 2026, un día después de la presentación, Apple aplicó subidas de entre 100 y 350 euros a modelos que ya llevaba tiempo vendiendo y que no habían cambiado: el iPhone 16 de 256 GB pasó de 859 a 1.009 euros, el iPhone 17 de 256 GB de 959 a 1.109 euros, el iPhone 17e de 256 GB de 709 a 859 euros y el iPhone Air de 1 TB de 1.719 a 2.069 euros. La compañía no publicó una justificación oficial. El contexto es la escasez de memoria: Counterpoint Research estimó en julio de 2026 que los componentes del iPhone 18 Pro Max costarían unos 300 dólares más que los del modelo anterior, más de 250 de ellos solo por memoria NAND, porque la fabricación se ha desviado hacia los servidores de centros de datos de inteligencia artificial. Ese encarecimiento ayuda a explicar lo que cuesta fabricar un teléfono nuevo, pero no explica por sí solo que un modelo sin ningún cambio técnico pase de 859 a 1.009 euros de un día para otro.

¿Cuánto cuesta subir de capacidad en un iPhone?

Exactamente lo mismo en los tres modelos de 2026, sea cual sea el precio de partida: 250 euros al pasar de 256 GB a 512 GB, 500 euros al pasar de 512 GB a 1 TB y 750 euros al pasar de 1 TB a 2 TB. Ir del modelo más pequeño al más grande cuesta 1.500 euros tanto en un iPhone 18 Pro de 1.469 euros como en un iPhone Duo de 2.339 euros. Es una escalera de precios fija, no un reflejo del coste del componente.

¿Hace falta un móvil de 2 TB?

Para la mayoría de los usos, no. Dos terabytes equivalen a algo más de ochenta horas de vídeo 4K a 60 fotogramas por segundo, calculando con los aproximadamente 400 MB por minuto que ocupa ese formato. Quien grabe vídeo de forma profesional, en ProRes o en otros formatos de alta tasa de bits, sí puede darle salida; para el uso corriente es una cantidad de material que se acumula sin revisarse y que además hay que respaldar, migrar al teléfono siguiente y poder localizar años después. A menudo resulta más útil destinar parte de ese dinero a una copia de seguridad fiable que a capacidad local.

¿Qué dice la ley española sobre el robo de teléfonos móviles?

El 8 de abril de 2026 entró en vigor la Ley Orgánica 1/2026, conocida como ley de multirreincidencia, que introdujo un supuesto agravado específico para la sustracción de teléfonos móviles. No convierte cualquier robo de móvil en delito castigado con prisión: es en determinados casos de reincidencia cuando el hurto pasa a considerarse menos grave y puede castigarse con entre seis y dieciocho meses de prisión. Que el legislador dedique una previsión propia a un objeto concreto da la medida del problema. En Barcelona, los teléfonos son el objetivo del 45 % de las sustracciones contabilizadas como robos, con una media de quince al día.

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