«Solo un hobby»: el mensaje que fundó Linux sin querer
El 25 de agosto de 1991, a las 20:57 GMT, Linus Torvalds preguntó en un foro qué le faltaba a Minix y mencionó de pasada que estaba haciendo un sistema operativo, «solo un hobby». Lo interesante no es la modestia mal calibrada: es que pedía opiniones y no colaboradores.
Hoy, 25 de agosto, a esta misma hora, cumple años el mensaje peor calibrado de la historia de la informática.
El 25 de agosto de 1991, a las 20:57:08 GMT, un estudiante de la Universidad de Helsinki llamado Linus Torvalds publicó en el grupo comp.os.minix un mensaje con este asunto: «What would you like to see most in minix?». Qué os gustaría ver en Minix.
Y empezaba así:
«Hola a todos los que usáis minix: estoy haciendo un sistema operativo (gratis) (solo un hobby, no será grande ni profesional como gnu) para clones AT 386(486).»
Treinta y cinco años después, ese hobby mueve la práctica totalidad de los servidores del planeta, todos los teléfonos Android y los quinientos superordenadores más potentes que existen.

Un terminal DEC VT100: la clase de pantalla desde la que se leía Usenet. Foto: Jason Scott, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.
El contexto: alguien con un 386 y una licencia que le molestaba
No fue un rapto de genialidad. Fue una acumulación de circunstancias muy concretas.
Torvalds tenía un ordenador nuevo con un procesador 386, que traía modo protegido y multitarea por hardware. Y tenía Minix, un Unix pequeño y didáctico escrito por Andrew Tanenbaum, que le servía para aprender pero cuya licencia era académica: se podía estudiar, no se podía redistribuir libremente ni convertir en otra cosa.
El proyecto empezó como un programa para probar la multitarea del 386. Dos procesos escribiendo letras en pantalla por turnos. De ahí a un gestor de discos, y de ahí a un sistema de ficheros, y de ahí a algo que ya no tenía nombre para lo que era.
Casi nada importante empieza como el proyecto de hacer algo importante. Empieza como el proyecto de resolver una molestia concreta que tienes tú.
Lo que pedía no eran colaboradores: eran opiniones
Merece la pena releer el asunto del mensaje: «qué os gustaría ver». No decía «uníos a mi proyecto». No decía «busco contribuidores». Preguntaba qué echaba en falta la gente, y de paso mencionaba en qué andaba.
Ese matiz explica por qué funcionó. Pedir colaboración obliga al otro a comprometerse; pedir opinión solo le pide que hable de lo que ya le fastidia, que es la cosa más fácil del mundo. Los que respondieron con una opinión acabaron probando. Los que probaron acabaron mandando parches.
Es una secuencia que se puede usar a propósito, y en la que casi todo el mundo se salta el primer escalón:
- Contar el problema y preguntar qué falta.
- Enseñar algo feo que ya funciona a medias.
- Recibir a los que llegan solos.
Cuando un proyecto interno arranca por el escalón tres —«necesito que dos personas se apunten a esto»— suele encontrarse con silencio. No porque la idea sea mala, sino porque estás pidiendo compromiso antes de haber pedido conversación.
Y hay una asimetría que conviene recordar: cuesta menos publicar algo a medias que convencer a alguien de que lo que tienes en la cabeza es buena idea. La versión 0.01 salió en septiembre de 1991, apenas un mes después de aquel mensaje. Era muy limitada y no estaba preparada para un uso general: necesitaba Minix para compilarse, apenas manejaba un sistema de ficheros y no tenía red.

Linus Torvalds en la LinuxCon Europe de 2014, en Düsseldorf. Foto: Krd, CC BY-SA 4.0; imagen recortada y disponible bajo la misma licencia.
La licencia fue la decisión de producto
En febrero de 1992, con la versión 0.12, el proyecto pasó a la GPL. Esa es la decisión que convierte una curiosidad en una infraestructura, y muy poca gente la cuenta como decisión técnica, porque no lo es: es de producto.
La GPL garantizaba que las versiones derivadas que se distribuyeran conservaran las mismas libertades y vinieran con su código fuente. Conviene precisar el alcance, porque se repite mucho lo contrario: no obliga a publicar los cambios que alguien use solo de puertas adentro, ni a enviar parches al proyecto original, y no prohíbe cobrar —vender Linux es legítimo y se lleva haciendo décadas—. Lo que exige es que quien distribuya un derivado cubierto por la licencia lo entregue con esas mismas libertades y con el código fuente en los términos aplicables. Vender, sí. Redistribuir, sí. Lo que no cabe es distribuir ese derivado y volverlo privativo por el camino. Para una empresa que se plantea invertir horas de sus ingenieros, eso no es idealismo, es aritmética.
Elegir licencia no es rellenar un campo del formulario del repositorio. Es decidir quién puede construir encima y qué te devuelve. La misma pregunta que se respondió mal en el IBM PC y bien al publicar los motores de id Software.
Y ahora la parte incómoda
Todo esto se cuenta habitualmente con una moraleja pegada: publica tu proyecto, porque nunca sabes.
Es verdad, pero es una verdad tramposa. De todo lo que se anunciaba entonces en aquellos grupos de noticias solo recordamos lo que salió adelante, y esa ausencia nos hace pensar que publicar es la variable que decide. No lo es: ni publicar ni elegir bien la licencia bastan por sí solos. Son condiciones que ayudan, no causas suficientes.
Lo que sí hizo Torvalds y casi nadie más:
- Siguió publicando versiones durante años, con una constancia notablemente aburrida.
- Aceptó parches ajenos y cedió partes del control a quien demostraba criterio.
- Discutió en público con Tanenbaum sobre microkernel frente a monolítico —enero de 1992, uno de los grandes debates técnicos del siglo— sin que aquello matara el proyecto.
Publicar es el primer día. Lo que decide es lo que haces los mil siguientes. Y ahí no hay ninguna anécdota bonita que contar, solo repetición.
Feliz aniversario
Tres cosas para hoy:
- Escribe el mensaje de «qué os gustaría ver». A tu equipo, a tus clientes, al foro donde estén los que tienen tu mismo problema. Preguntar qué falta, no pedir que se apunten.
- Mira la licencia de lo que has publicado este año. Si no sabes cuál es o la elegiste por descarte, has tomado una decisión de producto sin enterarte.
- Coge ese proyecto tuyo parado y publica la versión que te parece insuficiente. La 0.01 de Linux era exactamente eso: una primera versión limitada, que todavía no servía fuera del contexto en que se escribió.
(Y la próxima vez que empieces algo diciendo «esto es solo un experimento, no va a ninguna parte», recuerda que esa frase ya tiene el récord y que va a ser difícil batirlo.)
Preguntas frecuentes
¿Qué decía exactamente el mensaje del 25 de agosto de 1991?
Se publicó en el grupo de noticias comp.os.minix bajo el asunto «What would you like to see most in minix?» y comenzaba indicando que su autor estaba desarrollando un sistema operativo gratuito para clones AT con procesador 386 o 486, al que calificaba de simple pasatiempo que no llegaría a ser grande ni profesional. El cuerpo del mensaje solicitaba a los lectores que indicaran qué funcionalidades echaban en falta en Minix.
¿Por qué existía Minix y qué limitación tenía?
Minix era un sistema operativo de tipo Unix desarrollado por Andrew Tanenbaum con finalidad docente, distribuido junto a un libro de texto sobre sistemas operativos. Su código podía estudiarse, pero la licencia no permitía la redistribución libre de versiones modificadas, lo que impedía que las mejoras aportadas por terceros se incorporaran a un proyecto común. Esa restricción es uno de los motivos por los que se optó por desarrollar un núcleo nuevo en lugar de partir del existente.
¿Qué importancia tuvo la adopción de la licencia GPL?
Fue determinante. Al pasar a la GPL en febrero de 1992 con la versión 0.12, el proyecto garantizó que las versiones derivadas que se distribuyeran conservaran las mismas libertades y se publicaran con su código fuente. Conviene precisar el alcance: la licencia no obliga a publicar los cambios que una organización utilice únicamente de forma interna, ni a enviar parches al proyecto original, ni prohíbe cobrar por el software —vender Linux es legítimo—. Lo que exige es que quien distribuya una versión derivada cubierta por la licencia la entregue con esas mismas libertades y con el código fuente en los términos aplicables, de modo que un derivado distribuido no puede convertirse en software privativo. Eso bastó para que empresas y desarrolladores independientes considerasen razonable invertir esfuerzo en el núcleo.
¿Cuál fue el debate entre Tanenbaum y Torvalds?
En enero de 1992 ambos discutieron públicamente en Usenet sobre arquitectura de sistemas operativos. Tanenbaum defendía el modelo de micronúcleo, que aísla los servicios en procesos separados y facilita la portabilidad y el aislamiento de fallos, y consideraba obsoleto el diseño monolítico adoptado por Linux. Es uno de los intercambios técnicos más citados de la historia del software y resulta relevante porque el proyecto siguió avanzando sin que la controversia lo detuviera.
¿Basta con publicar un proyecto personal para que prospere?
No. La publicación es una condición necesaria pero no suficiente, y atribuirle el éxito de casos concretos incurre en sesgo de supervivencia, dado que los numerosos proyectos publicados que no prosperaron no se recuerdan. Los factores que diferencian los casos que se consolidan son la publicación sostenida de versiones durante años, la aceptación efectiva de contribuciones externas y la delegación de responsabilidades a quienes demuestran criterio.
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