Por qué los malos nunca aciertan a John Wick
Hoy hace doce años del estreno de John Wick. En casa las hemos visto todas, y en algún momento sale la broma: ¿cómo pueden volver a fallar? Pues sí le dan. De crío veía El Equipo A, El coche fantástico y MacGyver con mi hermano Taka y con Vivi, mi madre, y allí el problema no era que fallaran: es que no mataban.
Hoy hace doce años del estreno de John Wick. El 24 de octubre de 2014, una película que en teoría iba de un hombre al que le matan el perro se convirtió en cuatro películas, un derivado y prácticamente un género propio.
En casa las hemos visto todas. Y como en cualquier salón del mundo, en algún momento sale el comentario de siempre, dicho medio en broma: ¿cómo puede ser que le vuelvan a fallar?
Son diez tíos, en un pasillo, a cuatro metros. Y no le dan.
Empiezo reconociendo que la pregunta, tal y como la hacemos, está mal hecha: a John Wick sí le dan. Le dan bastante. La saga se toma la molestia de explicar por qué no le pasa nada, y desde Chapter 2 hay una escena entera dedicada a ello — la del sastre del Continental, con sus «discos de carburo de silicio, matrices cerámicas, láminas de kevlar» cosidas entre la tela y el forro.
Así que lo llamativo no es que fallen. Lo llamativo es que un impacto contra él no significa lo mismo que un impacto suyo. Cuando dispara Wick, acertar quiere decir enemigo eliminado. Cuando le disparan a él, acertar quiere decir un golpe que lo tira al suelo y del que se levanta. Los dos son impactos. Solo uno cuenta como acierto.
Y ahí está el artículo entero: antes de juzgar un resultado, hay que saber qué trabajo tenía que hacer.
Yo esa pregunta la vengo arrastrando desde mucho antes. De crío veía El Equipo A, El coche fantástico, MacGyver y El halcón callejero con mi hermano Taka y con Vivi, mi madre. Y ahí la pregunta no me salía nunca — porque en El Equipo A el problema no era que fallaran. Es que no mataban.
Y esas dos cosas no son la misma, aunque en pantalla se parezcan mucho. En una hay un tirador que no acierta. En la otra hay un requisito.
John Wick sí lleva la cuenta
Lo primero que descubres al tirar del hilo es que hay gente que se ha sentado a contar las balas, tiroteo a tiroteo.
No son estadísticas oficiales de nada. El recuento más citado lo hizo en 2021 el equipo de Ben Slater, director de marketing de Military Direct, y lo publicó How to Kill an Hour con sus tablas, escena a escena. Hay que tratarlo como lo que es. Pero publica sus números, que es bastante más de lo que hacen muchos informes.
Esto es lo que da para las dos primeras películas:
| Balas | Impactos | Fallos | Precisión publicada | |
|---|---|---|---|---|
| John Wick (2014) | 173 | 129 | 44 | 74,6 % |
| John Wick: Chapter 2 (2017) | 301 | 253 | 48 | 84,1 % |
De John Wick 3: Parabellum (2019) el resumen dice que es la que más balas gasta, 439, pero la tabla solo desglosa cuatro escenas. Y hay una escena suelta que se cita mucho: el tiroteo del vestíbulo del Continental, 208 balas y un 98,6 % de acierto.
Ese 98,6 % es la cifra que circula, y es la que hace que uno diga «es que este tío no falla». Pero antes de usarla conviene hacer algo que casi nunca se hace con un número que nos gusta: sumar.
El truco está en el denominador
La página da el total de las tres películas dos veces: una en el resumen y otra en la tabla de totales. Esta es la única cuenta que voy a pedirte que mires con atención en todo el artículo:
| Dónde lo dice | Balas | Impactos | Fallos | Precisión |
|---|---|---|---|---|
| Resumen | 913 | 663 | 102 | 72,6 % |
| Tabla de totales | 765 | 663 | 102 | 86,7 % |
Los mismos impactos. Los mismos fallos. El mismo tirador. Catorce puntos de diferencia, y lo único que cambia es qué se pone debajo de la raya.
Las dos divisiones están bien hechas: 663 entre 913 da 72,6 %, y 663 entre 765 da 86,7 %. Lo que no cuadra es lo de abajo. En la tabla, impactos más fallos es igual a balas —663 más 102 son 765—, igual que en cada película por separado. En el resumen sobran 148 balas que no son ni impacto ni fallo.
No sé de dónde salen. Puede ser una categoría que se perdió al resumir, un cambio de criterio a mitad o dos conteos distintos; la página no lo explica y con lo publicado no hay forma de saberlo. Lo que sí se puede afirmar es esto: el mismo recuento firma dos precisiones distintas para el mismo John Wick. Y para verlo no hace falta acceso a los datos brutos. Basta con sumar las columnas.
Lo pongo en términos de nuestro oficio, que es donde escuece:
- Conversión. ¿Sobre visitas, sobre sesiones, sobre usuarios únicos, o sobre usuarios que podían comprar de verdad?
- Tasa de error. ¿Sobre todas las peticiones, o solo sobre las que llegaron al controlador? Las que se cayeron antes de entrar no aparecen en el log de la aplicación, y suelen ser las peores.
- Tiempo de respuesta. ¿La media o el percentil 95? Una media aceptable puede esconder esperas muy largas para parte de los usuarios.
Dos porcentajes con el mismo nombre pueden estar midiendo comportamientos distintos, y el que los junta en la misma diapositiva casi nunca es el que los definió. Ya escribí sobre lo que pasa cuando una métrica deja de describir el trabajo y empieza a reconfigurarlo; esto es el paso anterior, más tonto y mucho más frecuente: que ni siquiera estemos midiendo lo mismo.
El ejército que solo acierta fuera de plano
En el otro extremo está el llamado efecto stormtrooper: soldados numerosos, entrenados, con armamento de sobra, e incapaces de acertarle a quien sostiene la historia.
Aquí los recuentos también existen. Y aquí es donde hay que tener más cuidado, porque circulan como si fueran la misma cosa y no lo son:
| Cifra | Sobre qué material | Con qué regla |
|---|---|---|
| 2,3 % | Solo Una nueva esperanza | 11 impactos de 469 disparos |
| 9,8 % | Agregado de los episodios II a VI | Solo armas de mano; proyectil que se pierde de plano cuenta como fallo |
| 63,5 % | Otra vez solo Una nueva esperanza | El mismo análisis anterior, recontando como acierto los fallos de la huida de la Estrella de la Muerte |
Tres cifras que se presentan como «la puntería de los stormtroopers» y que se han obtenido sobre conjuntos distintos y con reglas distintas. No se contradicen entre sí: empiezan a contradecirse en el momento en que alguien las pone bajo la misma etiqueta. Y para que quede claro hasta dónde llega la cosa: el segundo análisis también cuenta Una nueva esperanza por separado y le saca un 2,47 %, así que ni los dos recuentos de la misma película coinciden.
Mira lo que declara ese análisis agregado, que tiene el detalle de publicar sus reglas: solo cuenta armas de mano —los disparos desde vehículos quedan fuera— y cuando el proyectil se pierde de plano y no se ve dónde acaba, lo da por fallo, salvo que el sonido diga otra cosa. Es una decisión razonable. También es una decisión que empuja el resultado hacia abajo, y quien cite el número sin citar la regla está citando media cosa.
Y la tercera cifra sale de ese mismo trabajo, sin cambiar los disparos contabilizados: lo que cambia es qué se considera un éxito. En la Estrella de la Muerte el plan es dejar escapar al Halcón Milenario para seguirlo hasta la base rebelde. No hace falta suponer que a cada soldado le ordenaran fallar cada tiro; basta con que capturarlos no fuera el objetivo real de la operación. En cuanto lo aceptas, un disparo que no acierta deja de ser un fracaso y pasa a ser compatible con la misión. Los soldados mejoran sin que nadie retoque un fotograma.
Y hay un detalle del primer recuento que vale por todo el artículo: los 11 impactos de Una nueva esperanza están todos en la misma escena, el abordaje del Tantive IV al principio de la película, disparando contra soldados rebeldes anónimos.
Es decir: los stormtroopers aciertan perfectamente hasta el minuto en que aparece alguien con nombre.
No están disparando para lo mismo
La explicación fácil de todo esto es «armadura de guion»: el protagonista no puede morir porque quedan noventa minutos. Es verdad, pero no explica nada, porque describe el resultado y no el mecanismo.
El mecanismo es el que ya está en el traje de kevlar: el bueno y el malo no tienen distinta puntería. Tienen distinto criterio de éxito.
John Wick dispara para eliminar obstáculos. Su disparo resuelve o no resuelve, y lo vemos en el acto: alguien cae, la escena avanza. Su métrica es binaria y se evalúa en el mismo plano.
Los que disparan contra él tienen otro trabajo: producir peligro. Agujerear la pared junto a su cabeza, reventar el cristal, obligarle a cubrirse, mantener la tensión durante ocho minutos. Un disparo que no le da pero le obliga a moverse ha hecho su trabajo perfectamente. Si acertaran todos, no serían más eficaces: serían el final de la película en el minuto veinte.

Todas esas balas acertaron en algo. Una señal de «KEEP CLEAR» acribillada en una zona de tiro autorizada del Bosque Nacional de San Bernardino, en diciembre de 2018. No es de ninguna película: es basura real que el Servicio Forestal fotografió para pedir que los blancos se recojan al terminar. Foto de Zach Behrens, Servicio Forestal de Estados Unidos, dominio público.
Los estamos evaluando con la métrica del otro. Es como juzgar un indicador de carga por cuántas consultas resuelve. Ninguna. No es lo suyo. Lo suyo es que sepas que hay algo en marcha, y si lo quitas la gente cree que la aplicación se ha colgado aunque vaya exactamente igual de rápida.
El fallo del malo es el spinner de la escena. No resuelve nada y no se puede quitar.
Tres series de mi infancia y tres maneras de tratar una restricción
Y aquí ya no es interpretación mía. En El Equipo A está documentado que el fallo era un requisito. Y lo bonito es que otras dos series con las que crecí resolvieron restricciones parecidas de maneras completamente distintas.
El Equipo A: la restricción que no aparece en pantalla
El Equipo A se estrenó el 23 de enero de 1983 en la NBC y duró cinco temporadas y 98 episodios, casi todas ellas los martes a las ocho de la tarde, franja familiar.

La furgoneta, que en cinco temporadas aguantó lo que le echaran. Esta es una réplica de la GMC Vandura —en realidad la que se usó para promocionar la película de 2010—, fotografiada en la liquidación del Rodz & Bodz Movie Car Museum en agosto de 2025. Foto de Xnatedawgx, CC BY-SA 4.0; imagen redimensionada y disponible bajo la misma licencia.
Y el mandato está contado con nombres y apellidos. Mark Jones, guionista de la serie, lo explicó así: Brandon Tartikoff, el jefe de la NBC, compró la serie que Cannell y Lupo le llevaron, y la respuesta a que aquellos tíos necesitaban armas y ametralladoras fue «de acuerdo, os dejamos todos los tiros y todas las explosiones, pero no podéis matar a nadie».
Requisito funcional: cuatro exboinas verdes con armamento pesado y tiroteos en todos los episodios. Requisito no funcional, no negociable, impuesto desde fuera: nadie muere. Lo resolvieron, y los remaches se ven si sabes dónde mirar:
- Después de casi cada choque hay un plano breve de los ocupantes saliendo del amasijo humeante por su propio pie. Lo cuenta el propio Jones: disparaban, el coche volcaba, y siempre cortaban a los tipos saliendo a gatas porque no querían que muriese nadie. No aporta nada a la historia — y de hecho empezó a caerse del montaje según avanzaba la cuarta temporada.
- El crítico Ric Meyers lo bordó: el Equipo A usaba «balas de antineutrones: destruyen propiedades en kilómetros a la redonda, pero nunca dañan a un ser humano».
- Y el propio Cannell reconoció que aquello acabó siendo un chiste corriente en la sala de guionistas, y que jugaban a ver hasta dónde podían estirar la verosimilitud sin romperla.
Fíjate en lo que ocurre aquí. El requisito existía, estaba clarísimo y la producción trabajaba con él. Lo que no existía era la explicación para el que estaba en el sofá.
El espectador ve un sistema que se comporta de manera absurda —un hombre vaciando un cargador contra un jeep sin herir a nadie— y no tiene forma de saber que ese absurdo es la salida correcta de una restricción que nadie le ha enseñado. Sin el pliego, aquello es un fallo. Con el pliego, es la especificación cumplida al milímetro.
En el código heredado la cosa va un paso más allá, porque ahí a veces la restricción ya no la conoce ni el que mantiene el sistema. Todos hemos abierto un fichero y encontrado la función que no tiene ningún sentido. Un sleep de dos segundos. Un campo que se rellena y no se lee nunca. Un bucle que reintenta tres veces exactamente. Y todos hemos tenido el impulso de limpiarlo.
A veces es basura. Y a veces es que el ERP del cliente solo acepta ficheros de ancho fijo, que aquella pasarela devolvía un 200 con el error dentro del cuerpo, o que hay un contrato firmado que obliga a conservar algo durante diez años. La restricción existía. Lo que no existía era el comentario de dos líneas al lado explicándola.
Y ni escribirla basta, si nadie la comprueba: en Mars Climate Orbiter la especificación sí estaba, y aun así se perdió la sonda porque nadie verificó nunca que se cumpliera.
El coche fantástico: la restricción declarada dentro del propio sistema
El coche fantástico es de la misma casa y de la misma época — NBC, del 26 de septiembre de 1982 al 4 de abril de 1986, cuatro temporadas y 90 episodios, creada por Glen A. Larson. No he encontrado documentado un mandato equivalente al de El Equipo A, así que no lo voy a afirmar. Lo que sí es evidente es que se mueve en el mismo tipo de televisión familiar: acción, disparos y un protagonista al que semana tras semana no le puede pasar nada.
Y ahí hicieron algo distinto: escribieron la invulnerabilidad dentro de la ficción.
KITT es un coche «prácticamente indestructible» gracias a su coraza molecular. Las balas rebotan. Y no rebotan porque el guionista mire para otro lado: rebotan porque el coche está descrito, desde el primer episodio, como un vehículo al que las balas le rebotan. Es una propiedad declarada del sistema, y la serie te la enseña una y otra vez, casi con orgullo.
El efecto en muchas escenas se parece al de El Equipo A —los malos disparan mucho y no consiguen nada—, pero no es lo mismo, y la diferencia es justo la que me interesa: en una serie falla el tirador; en la otra el tirador puede acertar perfectamente y encontrarse con una defensa que funciona. Y por eso nadie se ríe cuando una bala rebota en KITT: la conducta rara viene acompañada de su explicación.
Traducido a lo nuestro: un endpoint que devuelve 200 con el error dentro del cuerpo es El Equipo A — parece roto y todo el mundo abre una incidencia. Ese mismo comportamiento descrito como parte del contrato, con ejemplos y una forma inequívoca de distinguir el éxito del error, sigue siendo raro, pero ya se puede programar contra él. No lo convierte en una buena decisión de diseño; lo convierte en una decisión predecible, que no es lo mismo pero ya es mucho.
La coraza molecular no es un comentario escondido en el código: es una propiedad pública, anunciada, parte del contrato. Un comentario puede quedarse sin leer. La coraza se la enseñan al usuario en el primer capítulo.
Por cierto, la fórmula estaba tan clara en aquellos años que se replicaba cambiando de vehículo: El halcón callejero era lo mismo con una moto, se estrenó en la ABC el 4 de enero de 1985 y le dieron trece episodios antes de retirarla en mayo. En casa la vimos entera, que tampoco tenía mucho mérito.
MacGyver: la restricción metida en la especificación
MacGyver llegó unos años después —el 29 de septiembre de 1985 en la ABC, y aguantó hasta mayo de 1992— y da el paso definitivo.
Aquí la restricción no está en el guion de cada episodio ni en un accesorio del protagonista. Está en la definición del personaje. MacGyver no usa armas de fuego, y la serie le escribe un motivo: un amigo suyo murió por un disparo accidental cuando él tenía doce años.
Lo interesante es lo que pasa después de aceptar esa restricción. Quitarle la pistola al protagonista de una serie de acción parece que la deja coja. Lo que hace en realidad es obligar a que cada problema se resuelva con lo que hay en la habitación — y eso no es una limitación de la serie: es la serie. Sin esa restricción, MacGyver es un procedimental de espías más de los ochenta.
Los inventos tenían además su proceso: las ideas salían de asesores científicos, de sucesos reales, de objetos que había en la localización y de un concurso con premio en metálico entre los espectadores, y unos científicos consultores los revisaban para que se apoyaran en principios reales.
Y aquí viene mi hallazgo favorito de toda la investigación de este artículo. Cuando el apaño de turno era demasiado peligroso —venenos o explosivos con productos de andar por casa—, los detalles se alteraban a propósito, se dejaban vagos, o se omitía un componente o un paso esencial.
O sea: el invento se presenta como una solución completa, se entiende, resulta convincente y, deliberadamente, no se puede reproducir. Es una decisión de diseño tomada por adelantado para que el producto no sirviera para lo que no debía servir.
Nos suena, ¿verdad?
- El artículo de seguridad que explica el ataque perfectamente y omite el paso que lo hace explotable.
- El mensaje que dice «usuario o contraseña incorrectos» y no cuál de los dos, empeorando la información a propósito para no confirmarle a nadie qué cuentas existen.
A veces la versión que funciona no es la que se publica. Y eso no es un defecto: es la restricción trabajando.
Los muertos no salen en la siguiente escena
Volvamos un momento a los 11 impactos del Tantive IV.
Los stormtroopers no fallan siempre. Fallan cuando disparan contra aquel cuya supervivencia permite que la película continúe. Y los sicarios de John Wick matan gente a lo largo de las cuatro películas: matan a otros sicarios, a intermediarios, a gente sin nombre. La cámara sencillamente no se queda con ellos después.
Es una variante narrativa del sesgo del superviviente, y conviene decirla en el orden correcto:
No seguimos a John Wick porque sobreviva a todos los disparos. Todos los disparos tienen que dejarlo sobrevivir porque la película ha decidido seguir a John Wick.
El caso clásico es el de Abraham Wald, el estadístico que durante la Segunda Guerra Mundial estudió dónde volvían agujereados los bombarderos para decidir dónde ponerles blindaje. La versión de bar dice que propuso blindar donde no había agujeros; su trabajo real era bastante más fino que eso, pero el razonamiento de fondo es el bueno: los aviones que examinas son los que volvieron. Los agujeros que faltan en tu muestra están en los aviones que no volvieron.
Y esto lo hacemos sin darnos cuenta:
- Un servidor que se cayó antes de mandar telemetría desaparece del panel.
- Quien cerró la pestaña antes de que cargara la analítica puede no dejar sesión.
- Las retrospectivas suelen estudiar los proyectos que llegaron a ejecutarse.
- Las encuestas a clientes activos apenas cuentan por qué se marcharon los demás.
En todos esos casos estamos estudiando a los John Wick del sistema. Y luego escribimos las conclusiones como si fueran del sistema entero.
Diseñado para fallar
Queda la última vuelta: hay sistemas que necesitan que algunas de sus piezas sean peores de lo que podrían ser.
Si los sicarios de John Wick fueran tan buenos como John Wick, la película dura ocho minutos y no hay saga. El desequilibrio no es un descuido de producción: es una condición del producto.
De esto sé un rato desde bastante antes de dedicarme a esto, porque en casa yo era el que ponía los monstruos. El que lleva a Morcar en el HeroQuest tiene el trabajo más raro de la mesa: juega bien, se lo hace pasar canutas a todo el mundo, y tiene que perder. Y no puede dejarse perder de forma evidente, porque entonces la partida no vale nada. Su objetivo no es ganar. Su objetivo es que hasta el último momento parezca que puede ganar.
Es literalmente el trabajo de los diez tíos del pasillo.
Y una vez lo ves, lo ves en todas partes:
| Pieza | Lo que parece | El trabajo que hace de verdad |
|---|---|---|
| Captcha | Un obstáculo para entrar | Frenar al robot sin frenar a la persona: si se endurece sin distinguir mejor, empieza a echar clientes |
| Límite de peticiones | Un 429 molesto |
Rechazar abuso sin bloquear tráfico legítimo: si se ajusta pensando solo en el atacante, acaba tirando la integración del cliente |
| Enemigos de un videojuego | Rivales | Amenaza creíble que no ejecuta siempre la jugada óptima, porque un rival óptimo no es divertido: es un muro |
| Coyote time | Una trampa a las reglas físicas | Dejar saltar unos fotogramas después de haber salido del borde, porque aplicar la regla con exactitud puede sentirse menos justo que interpretar la intención del jugador |
El coyote time es mi ejemplo favorito porque es una trampa descarada: el personaje ya no está sobre la plataforma y aun así puede saltar. Medido contra el reglamento de la física, sobra. Medido contra lo que importa —que al jugador se le cuente el salto que él creía haber hecho a tiempo—, es la decisión correcta. Exactitud y justicia percibida no siempre son lo mismo, y un producto puede decidir perfectamente priorizar la segunda.
Optimizar cada pieza hasta su máximo rendimiento individual no da un sistema óptimo. Da un captcha que no pasa nadie, un límite que tira a los buenos y una película de ocho minutos.
El último disparo
Los malos no fallan porque el guionista se haya olvidado de que saben disparar. Fallan porque su trabajo no es matar al protagonista: es conseguir que, durante un instante, nos creamos que podrían.
El Equipo A gastaba munición a espuertas sin herir a nadie porque Tartikoff no le dejaba, y aquello acabó siendo su seña de identidad. A KITT le rebotaban las balas porque alguien se molestó en explicar por qué le rebotaban. MacGyver no llevaba pistola, y por eso la serie tenía que ser lista. Y los recuentos de John Wick recuerdan que una división puede estar bien hecha y el resumen seguir sin cuadrar.
En una película todo esto se ve, porque los fallos dejan agujeros en la pared y a la tercera vez ya te estás riendo en el sofá. En una métrica mal elegida los agujeros están igual de presentes, pero no los pinta nadie.
Así que la próxima vez que veas al malo vaciar un cargador contra una columna, no cuentes cuántas veces ha fallado. Pregúntate para qué estaba disparando. Es la misma pregunta que hay que hacerle a cualquier número que llegue redondo a una reunión.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la precisión real de John Wick disparando?
No hay una cifra oficial. El recuento más citado lo hizo en 2021 el equipo de Military Direct, escena a escena, y da un 74,6 % en la primera película y un 84,1 % en Chapter 2. Para las tres primeras películas publica dos totales en la misma página: el resumen dice 913 balas, 663 impactos, 102 fallos y un 72,6 %; la tabla de totales dice 765 balas con los mismos 663 impactos y 102 fallos, y un 86,7 %. Las dos divisiones son correctas; lo que no cuadra son las 148 balas del resumen que no son ni impacto ni fallo, y la página no explica de dónde salen.
¿Cuál es la puntería de los stormtroopers de Star Wars?
Circulan tres cifras que no son comparables entre sí porque se han obtenido sobre conjuntos y reglas distintas. Un recuento de «Una nueva esperanza» da 11 impactos de 469 disparos, un 2,3 %. Otro analiza los episodios II a VI contando solo armas de mano y dando por fallo todo proyectil que se pierde de plano, y obtiene un 9,8 % agregado, con un máximo del 37,4 % en el episodio III. Y ese mismo análisis, aplicado otra vez a «Una nueva esperanza», reclasifica como aciertos los fallos de la huida de la Estrella de la Muerte —bajo la hipótesis de que el objetivo real era dejar escapar al Halcón Milenario para seguirlo hasta la base rebelde— y sube al 63,5 %.
¿Es verdad que en El Equipo A no moría nadie?
La serie se emitía en la NBC casi siempre los martes a las ocho de la tarde, franja familiar, y la cadena puso una condición para aprobarla. El guionista Mark Jones lo ha contado así: Brandon Tartikoff, jefe de la NBC, les dijo que les dejaba todos los tiros y todas las explosiones, pero que no podían matar a nadie. De ahí salen los planos —repetidos hasta la cuarta temporada— en los que los ocupantes de un coche que acaba de volcar salen del amasijo por su propio pie. El crítico Ric Meyers lo resumió diciendo que el equipo usaba «balas de antineutrones: destruyen propiedades en kilómetros a la redonda, pero nunca dañan a un ser humano».
¿Los inventos de MacGyver funcionaban de verdad?
Se apoyaban en principios reales —las ideas venían de asesores científicos, de sucesos reales, de objetos que había en la localización y de un concurso con premio entre los espectadores, y unos científicos consultores los revisaban—. Pero en los casos considerados peligrosos, como venenos o explosivos con productos domésticos, se omitían o alteraban detalles para impedir su reproducción: se dejaban vagos o faltaba un componente o un paso esencial. Es una decisión de diseño deliberada, no un descuido.
¿Qué tiene que ver la puntería de los malos con las métricas de un proyecto?
Que en los dos casos el porcentaje depende de qué se pone debajo de la raya y de qué se acepta como éxito. La conversión puede calcularse sobre visitas, sesiones, usuarios únicos o usuarios que podían comprar; la tasa de error, sobre todas las peticiones o solo sobre las que llegaron al controlador. Son números con el mismo nombre que miden comportamientos distintos. Y el sesgo del superviviente hace el resto: un servidor que cayó antes de mandar telemetría desaparece del panel, igual que la cámara solo se queda con el protagonista.
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