Cultura

La camisa hawaiana te regaló el viernes informal

La camisa aloha nació de sastres japoneses usando telas de kimono en Hawái, y en los sesenta la industria textil se inventó el Aloha Friday para vender más. De ahí salió el casual Friday y, en línea recta, tu sudadera. Y ya que estamos: el tono en los equipos técnicos.

Primero de julio. Día del Aloha, que en los calendarios de efemérides aparece como una invitación bastante razonable: ponte una camisa hawaiana y trata bien a la gente.

Y resulta que la camisa hawaiana tiene detrás una historia mucho mejor de la que merece una prenda con piñas estampadas. Entre otras cosas porque es la responsable directa del viernes informal, y por tanto de la sudadera con la que probablemente estés leyendo esto.

Vamos por partes.

De dónde sale la camisa

La camisa aloha nace en Hawái entre los años veinte y treinta, y su origen es un cruce cultural bastante bonito: sastres locales, muchos de ellos de origen japonés, empezaron a confeccionar camisas de manga corta usando telas de kimono. De ahí los estampados, que no eran «tropicales» sino textiles japoneses aplicados a una prenda occidental en una isla del Pacífico.

El término «aloha shirt» aparece impreso por primera vez en un anuncio de una sastrería de Honolulú en 1935, y en 1936 un comerciante llamado Ellery Chun registró la marca comercial de su ropa aloha.

O sea: una prenda mestiza, inventada por inmigrantes, vendida a turistas y convertida décadas después en símbolo de identidad local. Como casi todo lo bueno.

El Aloha Friday, que te ha cambiado la vida sin que lo sepas

Aquí viene lo interesante.

En los años sesenta, la industria textil hawaiana promovió una idea con un descaro comercial admirable: convencer a las empresas locales de que sus empleados pudieran vestir camisa aloha los viernes. Lo llamaron Aloha Friday.

Funcionó. Se institucionalizó en Hawái. Y de ahí, poco a poco, saltó al continente y se convirtió en casual Friday, que es una de las costumbres laborales más extendidas del planeta.

Piénsalo bien, porque el mecanismo es fascinante: una campaña de un sector industrial para vender más camisas acabó modificando el código de vestimenta del trabajo de oficina en medio mundo. Y de ahí a la sudadera del programador, a la videollamada en la que solo se ve de cintura para arriba y a la normalización de trabajar sin corbata.

Todo empieza en una isla, con unos fabricantes de tela buscando mercado un viernes.

Es la misma historia que San Publicito o el Día de la Chancla: una idea comercial que se independiza de quien la lanzó y se queda a vivir en la cultura. Yo, que me dedico a esto, siento por estos casos una mezcla de admiración profesional y respeto reverencial.

Aloha no significa «hola»

Y ahora la parte que me interesa de verdad.

Aloha se usa como saludo y como despedida, pero su significado es bastante más amplio: afecto, compasión, respeto, presencia. En Hawái existe incluso una noción legalmente reconocida, el espíritu del aloha, entendida como una forma de tratarse basada en la amabilidad, la humildad y la paciencia.

Un principio de conducta con reconocimiento oficial. Me parece una idea preciosa y voy a aprovecharla descaradamente para hablar de nuestro sector, que buena falta le hace.

Porque si algo tiene mal la cultura técnica es el tono.

Nuestro oficio ha normalizado una forma de comunicarse que en cualquier otro ámbito se consideraría maleducada, y encima la ha disfrazado de virtud. La llamamos «franqueza», «rigor», «no tener pelos en la lengua». Y con frecuencia es simplemente hablarle mal a alguien delante de otros.

Cuatro ejemplos que todos hemos vivido o cometido:

  • La revisión de código que corrige a la persona en vez de al código. «¿En serio has hecho esto así?» no es una observación técnica. Es una nota personal con formato de ticket.
  • El «eso es trivial». Nunca es información útil. Solo comunica que quien lo dice ya lo sabía, que es un dato sobre él y no sobre el problema.
  • El silencio como respuesta. La pregunta que se queda sin contestar en el canal común. Cuesta menos escribir «ahora no puedo, te contesto luego» que dejar a alguien mirando la pantalla media mañana.
  • Y el clásico: reírse de la pregunta de quien acaba de entrar. Que es la manera más rápida y más barata de garantizar que esa persona no vuelva a preguntar nunca, y por tanto de garantizar que meterá la pata en silencio.

Yo he sido el impaciente de la sala más veces de las que me gustaría. Y con los años he llegado a una conclusión bastante poco épica: la persona con la que da gusto trabajar rinde más que la persona brillante y áspera, porque la primera multiplica al equipo y la segunda lo divide.

No es buenismo. Es aritmética.

Cómo celebrarlo

  1. Ponte la camisa. Si es horrenda, mejor. Ese es el punto.
  2. Contesta a la pregunta tonta con paciencia. Sobre todo si la hace alguien nuevo.
  3. En tu próxima revisión de código, escribe sobre el código. «Esto puede fallar si llega vacío» en lugar de «no has validado nada».
  4. Y da las gracias a alguien por algo concreto, no en general. Lo concreto se recuerda.

Feliz Día del Aloha.

Que hoy es viernes en alguna parte y la camisa lo sabe.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el origen de la camisa hawaiana?

Aparece en Hawái entre los años veinte y treinta del siglo XX, cuando sastres locales, buena parte de ellos de origen japonés, empezaron a confeccionar camisas de manga corta empleando telas de kimono. El término "aloha shirt" figura impreso por primera vez en un anuncio de una sastrería de Honolulú en 1935, y en 1936 el comerciante Ellery Chun registró la marca de su ropa aloha.

¿De dónde viene el casual Friday?

Del Aloha Friday hawaiano. En los años sesenta la industria textil local impulsó que las empresas permitieran a sus empleados vestir camisa aloha los viernes, como medida de promoción del producto. La costumbre se consolidó en Hawái, se extendió al continente estadounidense y acabó generalizándose en todo el mundo como jornada de vestimenta informal.

¿Qué significa "aloha"?

Se emplea como saludo y como despedida, pero su sentido es más amplio: designa una actitud de afecto, compasión y respeto hacia los demás. En Hawái existe además una formulación reconocida del llamado espíritu del aloha, entendido como una forma de relacionarse basada en la amabilidad, la humildad y la paciencia.

¿Cómo se escribe una buena revisión de código?

Dirigiéndose al código y no a quien lo escribió, describiendo el problema concreto y su consecuencia en lugar de valorar la decisión de la persona. "Esto puede fallar si el valor llega vacío" aporta información accionable; "no has validado nada" solo emite un juicio. Conviene además distinguir explícitamente entre lo que bloquea la aprobación y lo que es una simple preferencia.

¿Por qué es contraproducente decir que algo es trivial?

Porque no aporta información sobre el problema, solo indica que quien lo dice ya conocía la respuesta. En la práctica desincentiva que se vuelvan a plantear dudas, lo que lleva a que los errores se cometan en silencio y se detecten más tarde y con mayor coste.

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