Final Fantasy VII Rebirth, una RTX 4060 y un mueble bajo sospecha
Jugando a Final Fantasy VII Rebirth noté que el ordenador se calentaba más de lo que esperaba. Miré la GPU, la CPU y los ventiladores: todo hacía su trabajo. Entonces caí en que había metido una máquina que genera cientos de vatios de calor en el hueco de un mueble y daba por hecho que respiraba.
Llevo un par de semanas con Final Fantasy VII Rebirth en el PC y el otro día, en mitad de una de esas zonas abiertas en las que el juego se luce, me di cuenta de que el ordenador trabajaba de una manera que no me sonaba. No era un ruido alarmante: era un ruido constante, del tipo que no viene de un pico puntual sino de algo que lleva rato pasando y va a seguir pasando.
Y ahí hice lo que hace cualquiera que se dedique a esto: dejar de jugar y ponerme a mirar.

Una tarjeta gráfica moderna: tres ventiladores y un disipador que ocupa media caja. No es la del artículo, es una RTX 3090. Foto: PantheraLeo1359531, CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons.
El ordenador empieza a hacer ruido
El equipo no es ninguna rareza. Una GeForce RTX 4060 de 8 GB, un Intel Core i7-12700F, 64 GB de RAM y Windows 11. Un PC perfectamente razonable para 1080p: ni humilde ni espectacular.
Estuve un rato revisando temperaturas, cargas y ventiladores, que es lo que uno hace antes de tener una opinión. Y lo que encontré no era un desastre, sino algo más difícil de interpretar: un equipo trabajando mucho, durante mucho rato, sin nada que gritase «avería».
Con eso delante, la pregunta no era «¿se está quemando?». Era una bastante más aburrida y bastante más útil: ¿esto es lo normal para este juego en este equipo, o tengo algo mal?
Son preguntas distintas: la primera se contesta mirando lo que dice el fabricante; la segunda, solo comparando el equipo consigo mismo en dos condiciones diferentes. Y esa segunda, adelanto, todavía no la he contestado.
Un videojuego como prueba de carga
Antes de repartir culpas conviene entender por qué esto aparece jugando y no el resto del día.
Un ordenador de uso normal casi nunca está al máximo. Trabajas, tienes cuarenta pestañas y editas fotos, pero lo que le pides va a ráfagas: sube, hace lo suyo, baja. Entre ráfaga y ráfaga se enfría, y con eso disimula casi cualquier problema de ventilación.
Un juego como Rebirth no hace ráfagas. Pide todo lo que hay, de forma continua, durante horas. Y ahí deja de importar cuánto calor genera el equipo y empieza a importar cuánto calor es capaz de sacar por unidad de tiempo, que es la única propiedad que se pone a prueba cuando la carga no afloja.
Dicho de otro modo: el juego podía estar haciendo de prueba de carga de una condición que llevaba ahí desde el día que coloqué la torre, y que el uso cotidiano nunca había apretado lo suficiente como para hacerla visible.
Cualquiera que haya visto caerse un sistema el día de más tráfico del año sabe exactamente de qué estoy hablando. El pico no necesariamente rompe nada: enseña lo que el uso normal mantenía oculto.
Los sospechosos habituales
El primer sospechoso es siempre el juego, y este tiene coartada parcial: Rebirth es exigente y lo dice él mismo —sus requisitos reservan el 4K a 60 fps en calidad alta para tarjetas muy por encima de la mía—, pero mi equipo es de la liga de 1080p y jugar a 1080p ajustando calidad es exactamente lo que estaba haciendo. No le estaba pidiendo el escalón de arriba.
Con el juego medio absuelto, la lista habitual es corta: la GPU, que se calienta por oficio; la CPU, un i7-12700F que Intel deja subir de 65 W a 180 W en turbo; el polvo, el sospechoso más frecuente y el más fácil de descartar mirando; la pasta térmica, el favorito de internet y casi siempre el último que hay que tocar, porque cambiarla implica abrir el equipo para arreglar algo que aún no has demostrado; y los ajustes gráficos, la palanca más barata y la que menos gente prueba antes de comprar cosas.
Todos son candidatos legítimos, y ninguno explicaba por qué la sensación era de calor acumulado y no de pico.
Caliente no es lo mismo que mal refrigerado
Aquí conviene separar tres cosas que en las conversaciones de bar van siempre juntas:
- Temperatura alta. Un número grande. Por sí solo no dice nada.
- Temperatura segura. Lo que el fabricante da por bueno: NVIDIA especifica para la RTX 4060 una máxima de GPU de 90 °C, e Intel fija para el i7-12700F una Tjunction de 100 °C, el punto en que el procesador se protege bajando frecuencia. Son techos, no objetivos, pero llegar a ochenta y pico en una gráfica bajo carga no es una avería.
- Pérdida de rendimiento por temperatura. Lo único que de verdad me molestaría como usuario. Se llama thermal throttling: el componente, para no pasarse de su límite, baja la frecuencia por su cuenta. No sale ningún aviso, ves menos fps y punto.
La diferencia práctica entre las tres es enorme: un equipo puede estar caliente y perfectamente sano, o estar en números aceptables y aun así rendir por debajo, porque lleva veinte minutos raspando su techo.
Y aquí toca ser honesto: no sé en cuál de esos tres escenarios estaba yo. No vi el juego caerse ni tirones, así que si hubo algún recorte, no fue uno que yo notara jugando. Afirmar que hubo throttling sería inventarme un diagnóstico para que la historia quede redonda, que es la trampa contra la que escribo el resto del artículo.
Lo que sí sé es qué habría que mirar, porque es lo mismo que miro en un servidor: no el pico, sino la forma de la curva. Un equipo bien ventilado sube rápido y se estabiliza en una meseta; uno que no consigue evacuar el calor sube despacio y no para de subir, porque cada minuto arrastra el calor del anterior. Dan números parecidos si los miras un segundo, y solo se distinguen mirando el tiempo.
La caja estaba bien; el entorno, quizá no
Y entonces me acordé de dónde está el ordenador.
La torre vive en el hueco de un mueble pensado para alojar exactamente eso: una torre. Tiene espacio alrededor, no está encajada a presión, no hay nada tapando los ventiladores. Visto desde fuera, parece un sitio perfectamente razonable.
El problema es que «tiene espacio» y «tiene ventilación» no son la misma frase, y llevo veinte años explicando esa distinción en otros contextos sin habérmela aplicado en mi propio salón.
Un ordenador no se refrigera por magia: coge aire de la habitación, lo calienta y lo suelta. La refrigeración interna solo mueve el calor desde los componentes hasta fuera de la caja; a partir de ahí, el problema es de la habitación.
Y aquí está el detalle que se me había pasado: las temperaturas de los componentes no son absolutas, son relativas al aire que entra; por eso las medidas serias se publican como delta sobre la temperatura ambiente. Si el aire que entra está cinco grados más caliente, todo lo demás sube prácticamente esos cinco grados con el mismo hardware. No hay nada que arreglar dentro, porque no hay nada roto dentro.
Un hueco cerrado por tres lados hace justamente eso. El aire caliente que sale por detrás de la torre no desaparece: se queda en el hueco, y si no encuentra por dónde salir, parte vuelve a entrar por delante. El ventilador de entrada cumple su función con toda la diligencia del mundo; lo que pasa es que mete el aire que la propia máquina acaba de calentar.
Esto tiene nombre: recirculación. Es la razón por la que un centro de datos se organiza en pasillo frío y pasillo caliente, no porque las máquinas necesiten aire frío, sino porque necesitan aire que no sea el suyo.
Ojo: esto sigue siendo una hipótesis. No la he demostrado, y me parecería muy poco serio contarla como diagnóstico cerrado solo porque encaja bien y da buen titular. Las hipótesis que encajan bien son precisamente las que hay que comprobar con más ganas.
Una prueba mejor que veinte opiniones
Lo bueno de esta hipótesis es que es barata, reversible y falsable, que son las tres características de una buena prueba. No hay que abrir nada, ni comprar nada, ni cambiar pasta térmica, ni tocar un tornillo.
El plan entero cabe en cuatro líneas:
- Jugar un rato largo con la torre donde está, dentro del hueco. Largo de verdad: media hora, no cinco minutos, porque cinco minutos no miden ventilación, miden inercia.
- Sacar la torre del mueble —al suelo, a la mesa, da igual— y repetir.
- Mantener igual todo lo demás: el mismo juego, la misma zona, la misma resolución, la misma configuración gráfica y una temperatura de salón parecida. Si un día hace 22 grados y otro 28, la prueba no compara muebles: compara veranos.
- Comparar temperaturas y ventiladores a lo largo de la sesión, no en un instante.
Lo que no vale como medida, por mucho que lo hagamos todos: tocar la caja con la mano —la chapa también estaría caliente en un equipo impecable—, escuchar los ventiladores, que hacen ruido porque están trabajando, o mirar el pico de un segundo en una captura, porque un pico no es una tendencia.
¿Qué apuntaría a que la sospecha va bien encaminada? Que fuera del mueble el equipo se asiente antes y más abajo con la misma carga. Un grado o dos no dirían nada, porque entran en el ruido de cualquier medición casera; una diferencia clara y repetida, sí. Y si las dos sesiones se parecen, el mueble queda absuelto, que también es un resultado.
Lo que no pienso hacer es comprar ventiladores, cambiar pasta y mover el equipo todo a la vez para luego no saber cuál de las tres cosas funcionó. Eso no es arreglar un problema: es dejar de verlo.
El problema puede estar fuera del componente
Y aquí es donde esto deja de ir de ordenadores.
Porque la situación que me encontré —cada pieza aparentemente dentro de sus límites y el conjunto comportándose de una manera que no esperaba— es la categoría de problema que más veces he visto en veinte años de sistemas ajenos, y la que peor se diagnostica, precisamente porque no hay nada averiado a lo que señalar.
Se manifiesta siempre igual. Alguien optimiza consultas dos semanas en una aplicación que va lenta porque el servidor comparte disco con otras cuatro. Alguien amplía la memoria sin medir el cuello de botella y descubre que va igual de lento pero cuesta más al mes. O el clásico: «en local funciona», que casi siempre es verdad, porque en local el entorno es otro.
En todos ellos el error de método es el mismo que el mío: buscar la avería dentro de la pieza cuando el problema está en la relación entre la pieza y lo que la rodea.
Mi suposición no escrita era: «el mueble tiene sitio, luego ventila». Nadie la revisó nunca porque nadie la formuló nunca. Que es exactamente lo que pasa con las suposiciones de infraestructura de cualquier proyecto: no están en el código, no están en la documentación, y solo aparecen el día que algo se calienta.
Lo que me llevo
Nada de esto va sobre ventiladores. Va sobre medir dos veces el mismo sistema en dos condiciones distintas antes de cambiar nada, porque una comparación controlada vale más que veinte opiniones de foro, incluida la mía. Va sobre distinguir entre estar caliente —una temperatura— y refrigerar mal —una curva que no se estabiliza—. Y va sobre dejar de mirar las piezas cuando ninguna explica por sí sola lo que ocurre en el conjunto, porque entonces conviene mirar también el aire que hay entre ellas, y ese aire nunca sale en el diagrama.
De momento la torre sigue en el mueble y la prueba, pendiente. Lo tengo apuntado.
Llevo más de veinte años diciendo que hay que mirar el sistema completo. Al parecer, el sistema completo también incluía el mueble.
(La parte verdaderamente humillante no es el error. Es que he entrado en ese hueco con un destornillador a hacer cosas mucho más complicadas que preguntarme por dónde sale el aire.)
Preguntas frecuentes
¿Es normal que la tarjeta gráfica llegue a 80 °C jugando?
NVIDIA especifica una temperatura máxima de GPU de 90 °C para la RTX 4060, de modo que alcanzar la franja de los ochenta bajo carga sostenida no demuestra por sí solo una avería. Hay que comprobar si la temperatura se estabiliza tras los primeros minutos o continúa subiendo, y si aparece una pérdida de rendimiento asociada.
¿Qué es el thermal throttling?
Es la reducción automática de frecuencia que aplica un componente para no superar su límite térmico. No genera ningún aviso al usuario: se manifiesta como una caída de rendimiento, normalmente en forma de menos fotogramas por segundo. En el caso del Intel Core i7-12700F, el fabricante sitúa esa protección en una Tjunction de 100 °C.
¿Puede un mueble hacer que un ordenador se caliente más?
Puede, si el aire caliente que expulsa el equipo no consigue salir del hueco y vuelve a ser aspirado. Las temperaturas de los componentes son relativas al aire de entrada, no absolutas: cada grado adicional en el aire aspirado se traslada prácticamente entero al resto del sistema. Es el mismo fenómeno de recirculación que obliga a organizar los centros de datos en pasillo frío y pasillo caliente.
¿Cómo se comprueba si la ubicación es el problema?
Repitiendo la misma sesión dentro y fuera del hueco con idénticos ajustes gráficos, idéntica escena, idéntica duración —veinte o treinta minutos como mínimo— y anotando la temperatura ambiente de la sala. Después se comparan las curvas completas de temperatura y frecuencia, no los valores máximos. Es una prueba reversible que no exige abrir el equipo ni sustituir ninguna pieza.
¿Por qué un videojuego exigente revela problemas de ventilación que no aparecen a diario?
Porque el uso cotidiano solicita al equipo a ráfagas y entre una y otra le da tiempo a enfriarse, lo que disimula casi cualquier deficiencia de ventilación. Un juego exigente mantiene la demanda de forma continua durante horas, y entonces deja de ser determinante cuánto calor genera el equipo y pasa a serlo cuánto calor consigue evacuar de forma sostenida. Funciona, en la práctica, como una prueba de carga doméstica.
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