99,74 %, tres órdenes de magnitud y una cena en el muelle
Hoy la Luna tapa el 99,74 % del Sol sobre Donostia y aun así no veremos un eclipse total: ese 0,26 % restante son tres órdenes de magnitud de luz. La mejor lección de ingeniería del año, con elementos de Bessel, segundos intercalares y una terraza en la punta del muelle.
Hoy, a las 20:27:18, la Luna tapará el 99,74 % del Sol sobre Donostia.
Y no voy a ver un eclipse total.
Esa frase parece una errata. No lo es: es la diferencia entre dos fenómenos que no se parecen en nada y que un porcentaje, con la mejor de las intenciones, redondea hasta volverlos indistinguibles. Y es el mejor ejemplo que voy a tener en mi vida de algo que llevo veinte años explicando en reuniones de proyecto con peores metáforas.
Así que hoy toca aprovecharlo. Va de astronomía, de aritmética, de por qué «está al 99 %» es la frase más cara del sector, y de una terraza en la punta del muelle.

El eclipse del 12 de agosto de 2026 visto desde San Millán de los Caballeros (León), dentro de la banda de totalidad. Esto es exactamente lo que en Donostia, al 99,74 %, no se vio. Fotografía añadida a este artículo después del eclipse: el texto se escribió esa misma tarde, antes de que ocurriera. Foto: NASA/Bill Ingalls, dominio público.
Los números de esta tarde
Desde Donostia, esto es lo que va a pasar:
| Fase | Hora (CEST) | Altura del Sol | Azimut |
|---|---|---|---|
| C1 · primer contacto | 19:31:45 | 17,6° | 274,1° |
| Máximo | 20:27:18 | 7,6° | 283,3° |
| Puesta de Sol | ~21:12 | 0° | ~292° |
| C4 · último contacto | 21:19:31 | −0,9° | 292,1° |
Una hora, cuarenta y siete minutos y cuarenta y seis segundos de función. Obscuración máxima: 99,74 %. Magnitud: 0,996.
Fíjate en la última fila: el eclipse acaba con el Sol ya bajo el horizonte. Nadie aquí va a ver el último contacto: el espectáculo no termina, se lo lleva el mar antes.
Y ahora el dato que duele. A menos de cien kilómetros, en Bilbao, habrá unas decenas de segundos de noche cerrada; en Vitoria, algo más de un minuto, y las cifras exactas cambian calle a calle cerca del borde. Aquí no hay margen que valga: cero.
Donostia se queda fuera de la banda de totalidad por una distancia que en cualquier otro contexto llamaríamos «ruido».
«Casi» no es una unidad de medida
Aquí es donde la intuición se rompe. La fotosfera —la parte visible del Sol— es unas 100.000 veces más brillante que la corona, que es todo el motivo por el que la gente cruza océanos para ver un eclipse total. Si queda un 1 % de fotosfera asomando, ese hilito sigue siendo unas mil veces más brillante que la corona entera: no es que se vea peor, es que no se ve.
Traducido a luz medible:
| Obscuración | Iluminancia aproximada | A qué se parece |
|---|---|---|
| 0 % | ~100.000 lux | Un mediodía de agosto |
| 99 % | ~1.000 lux | Un día nublado. Ni te enteras |
| 99,9 % | ~100 lux | Atardecer raro |
| 100 % (totalidad) | ~1 lux | Noche. Estrellas. Corona. Silencio |
Ahí está toda la trampa del asunto: el último 0,26 % no es un 0,26 % de espectáculo, son tres órdenes de magnitud de espectáculo.
Y hay un giro de percepción: el ojo trabaja en escala logarítmica, ajusta la pupila y compensa. A las 20:27 la sensación en la Concha será de «qué luz más rara hace hoy», no de «se ha apagado el mundo». Tu cerebro hace justo lo contrario de lo que hoy haría falta: normalizar.
De dónde sale ese borde, que es la parte que a mí me gusta
Pregunta legítima: si Bilbao sí y Donostia no, ¿quién dibujó esa raya y con qué precisión?
La respuesta es maravillosamente pequeña. Toda la trayectoria de un eclipse —anchura y duración en cada punto del planeta— se calcula con los elementos de Bessel: un puñado de coeficientes referidos a un instante base. El fenómeno entero cabe en algo más corto que un archivo de configuración.
Y hay dos detalles que hacen que esa raya no sea del todo nítida.
El primero es ΔT, la diferencia entre el tiempo uniforme que usa la física y el que marca la rotación real de la Tierra, que frena por las mareas y se altera con los terremotos y el deshielo. No se predice: se mide a posteriori y se extrapola con barras de error. Cada segundo de incertidumbre desplaza la banda unos cientos de metros sobre el terreno, así que unos pocos segundos son pueblos enteros dentro o fuera. Es el mismo problema que nos regaló los segundos intercalares: la sombra que cruza hoy Bizkaia y el reloj de tus servidores comparten la misma incomodidad, un sistema físico que se niega a ser exacto y una capa de software encima que necesita fingir que lo es.
El segundo es que el borde está dentado: el limbo de la Luna tiene montañas y valles, y el límite real de la totalidad es ese perfil proyectado sobre el mapa. En los pueblos justo en la raya, ver la corona depende de si el último rayo pasa por un valle lunar o choca contra un pico.
Nosotros no tenemos ese debate. 99,74 % no está en el borde: está fuera, y con margen.
Los nueves, o por qué esto va de tu trabajo
Bajemos de la Luna. Un 99,74 % aplicado a la disponibilidad de un servicio es esto:
| Disponibilidad | Caída máxima al año |
|---|---|
| 99,74 % | 22 h 47 min |
| 99,9 % | 8 h 46 min |
| 99,99 % | 52 min 36 s |
| 99,999 % | 5 min 15 s |
Casi un día entero de servicio caído. Con el mismo número que hoy, dicho en voz alta, suena a sobresaliente.
Ese es el problema del porcentaje como unidad: comprime justo la parte que importa. La distancia entre 99 y 99,9 no es «nueve décimas», es un factor de diez en el tiempo que tu cliente pasa mirando una pantalla en blanco. Y la que va de 99,74 a 100 no es «un pelín»: hoy es la diferencia entre una luz curiosa y la experiencia que la gente describe llorando treinta años después.
De ahí salen dos cosas que veo constantemente. La primera es la ley del 90/90 de Tom Cargill: el primer 90 % del código se lleva el 90 % del tiempo, y el 10 % restante se lleva el otro 90 %. Cuando alguien dice «está al 99 %», la pregunta no es cuánto falta, sino cuál de los dos noventas está contando.
La segunda es que la composición te come: un paso que acierta el 99 % de las veces, encadenado cien veces, acierta poco más de un tercio; con 99,9 % por paso, nueve de cada diez. Es lo que decide si un proceso automático funciona o necesita a alguien revisando salidas a mano, y ya lo escribí hablando de modelos que ahora cuestan cien veces menos.
Y el último tramo no es más de lo mismo: es otra cosa. Los 45 minutos de Knight Capital no fueron un despliegue un poco peor, y los 32 bits de entropía del monedero de Coldcard no eran «un poco menos seguros» que 128: eran adivinables.
Y aquí está lo único que de verdad quiero dejarte hoy:
El trabajo de un ingeniero no es llegar al 100 %. Es distinguir cuándo el 0,26 % que falta es cosmético y cuándo es el producto entero.
En un eclipse es el producto entero; en el margen de un botón, cosmético. En el cifrado de las contraseñas, el producto entero otra vez. Casi todo el desperdicio que he visto en veinte años viene de confundir esos dos casos, en las dos direcciones.
Una nota sobre predecir el futuro (y las nubes)
Un apunte que me ha encantado encontrar preparando esto: la AEMET publicó un estudio sobre la capacidad del modelo del Centro Europeo para predecir la nubosidad de hoy, y su conclusión es que las predicciones mantienen valor añadido sobre la climatología hasta un alcance de unos cinco días. Más allá, el modelo más potente de Europa no aporta gran cosa respecto a mirar la media histórica.
No es que el modelo sea malo: es que existe un horizonte de predictibilidad, y pasado ese horizonte lo honesto es decir «históricamente, aquí suele pasar esto». Yo eso lo firmo para las estimaciones de proyecto.
El plan de esta noche: Semana Grande, el muelle y un problema de azimut
Porque hoy, además, es 12 de agosto, y aquí eso significa Semana Grande, con el Concurso Internacional de Fuegos Artificiales disparando sobre la bahía.
El plan es la experiencia del Aquarium: cava a las 20:00, visita nocturna al acuario, cena cóctel de nueve pintxos y el postre en la terraza a las 22:45, justo cuando empieza la pirotecnia. El Aquarium está en la punta del muelle, uno de los pocos sitios que mira de frente a la bahía sin nada delante.
Cuando crucé los horarios, la cosa tenía su gracia: el máximo caía justo dentro de la visita al acuario. En el túnel de tiburones. Media Europa cruzando España para ver esto y a mí el itinerario me ponía bajo el nivel del mar.
Actualización de última hora: cambia el programa. Subimos a la terraza a la hora del eclipse.
| Hora | Programa |
|---|---|
| 20:00 | Cava |
| 20:00 – 20:55 | Visita nocturna al acuario |
| ~20:27 | Terraza · máximo del eclipse |
| 21:00 | Cena cóctel |
| 22:45 | Postre en la terraza + fuegos |
Así que retiro la queja que no llegué a poner: voy a ver el 99,74 % desde la punta del muelle, con el horizonte oesnoroeste limpio. Uno de los mejores sitios de la ciudad para ver un eclipse que no voy a ver.
Y eso lo ilustra mejor que el chiste del tiburón: puedes tener el emplazamiento perfecto, el cielo despejado y el 99,74 % del fenómeno, y seguir estando en el lado equivocado de una raya.
El último tramo no se compra con más medios. Es que no está en venta.
La geometría, por si vas y quieres verlo
Al máximo, el Sol estará a 7,6° de altura y en el azimut 283°, oesnoroeste. Muy bajo: cualquier edificio, monte o banco de niebla marina te lo quita. Desde la punta del muelle esos 283° caen sobre mar abierto, más allá de la bocana, así que el cuadrante bueno no es el de la Concha de postal: mirando a la bahía, el Sol queda a tu derecha.
Si andas suelto por la ciudad, entre las 19:45 y las 20:35 sirven el propio muelle, el Paseo Nuevo o la Zurriola. Lo que no sirve es un mirador con monte al oeste.
Y las gafas, que esto va en serio
Un párrafo sin bromas. En una totalidad real hay unos segundos —los que tocarán en Bilbao o en Vitoria— en los que se pueden y se deben quitar las gafas, y solo durante la totalidad completa: es el único momento en que se ve la corona, y es a lo que se va.
En Donostia ese momento no existe. Con un 99,74 % de obscuración sigue habiendo fotosfera directa apuntándote a la retina, y la retina no duele: el daño fotoquímico no avisa, aparece horas después y en parte no se repara. Que la escena esté oscurecida y la pupila abierta lo empeora, no lo mejora.
Así que aquí, de 19:31 a la puesta de Sol, filtro certificado ISO 12312-2 puesto, sin pausas, sin excepciones. Y ni gafas de sol, ni radiografías, ni cristales ahumados, ni el truco del móvil (protege tus ojos, sí, pero le fríe el sensor a la cámara). La proyección con un cartón agujereado es gratis y perfecta.
Un consejo poco intuitivo: mira al suelo. Bajo los árboles del Paseo Nuevo, cada hueco entre hojas se comporta como una cámara estenopeica y te proyecta cientos de soles en forma de media luna sobre el pavimento. Es el mejor efecto del día, no requiere filtro y no lo mira casi nadie.
Dos espectáculos programados
Lo que más me gusta de esta noche es que voy a ver dos espectáculos deterministas seguidos, y que la única diferencia entre ellos es la longitud del cron.
A las 20:27:18, un evento calculado con un puñado de coeficientes y un número que hay que medir porque el planeta no gira fino, cuya última repetición sobre suelo peninsular fue en 1905. Y a las 22:45, un equipo de pirotécnicos disparando una secuencia sincronizada al milisegundo sobre la bahía, que si sale mal se repite mañana. En medio, nueve pintxos.
Podría coger el coche, plantarme en Vitoria en poco más de una hora y cambiar mi 99,74 % por un minuto largo de corona: tres órdenes de magnitud de diferencia y una historia para contar el resto de mi vida.
Y no voy a hacerlo.
Porque el 0,26 % que me falta esta tarde es astronomía, pero la mesa en esa terraza es Semana Grande, es gente concreta y solo pasa cuatro noches al año. Saber cuándo el 100 % no compensa forma parte del mismo criterio que saber cuándo es innegociable. No es dejadez: es haber hecho la cuenta y firmarla.
En agosto de 2027 el eclipse cruza el sur peninsular y en enero de 2028 nos toca uno anular. Ahí sí voy a viajar, con calma, con filtros y sin una cena de por medio.
Hoy me quedo en el muelle, con las gafas puestas, mirando cómo la sombra de la Luna pasa de largo.
Que ya es bastante.
(La ironía final: la corona solar, esa que hoy no voy a ver, está a un millón de grados, mucho más caliente que la superficie del Sol que la tapa, y nadie sabe explicar del todo por qué. Lleva ochenta años siendo un problema abierto. Así que la parte del Sol que hoy me pierdo es también la que no entiende nadie.)
Horarios y datos de obscuración para Donostia contrastados con el Instituto Geográfico Nacional y con las efemérides publicadas por la NASA para este eclipse, de donde sale el ΔT de 71,4 s. Las horas son locales (CEST) y varían unos segundos según el punto exacto de la ciudad.
Preguntas frecuentes
¿Se ve el eclipse total desde Donostia el 12 de agosto de 2026?
No. Donostia queda fuera de la banda de totalidad y alcanza una obscuración máxima del 99,74 % a las 20:27:18, con el Sol a 7,6 grados de altura sobre el horizonte y en azimut 283 grados, es decir, hacia el oesnoroeste. El fenómeno comienza a las 19:31:45 y su último contacto, previsto a las 21:19:31, ocurre ya con el Sol bajo el horizonte, de modo que no llega a observarse. Dentro de la banda sí hay totalidad: unos 30 segundos en Bilbao y unos 64 en Vitoria-Gasteiz.
¿Por qué un 99,74 % no equivale prácticamente a un eclipse total?
Porque la relación entre obscuración y luz percibida no es lineal. La fotosfera solar es unas cien mil veces más brillante que la corona, así que incluso una fracción mínima de disco solar sin cubrir sigue siendo del orden de mil veces más luminosa que la corona y la vuelve invisible. En términos de iluminancia, un 99 % de obscuración deja alrededor de mil lux, comparable a un día nublado, mientras que la totalidad desciende hasta valores próximos a un lux. Ese tramo final concentra unos tres órdenes de magnitud, además de ser el único momento en que aparecen la corona, las estrellas y la caída brusca de temperatura.
¿Hay algún momento seguro para quitarse las gafas en San Sebastián?
No. En Donostia no hubo totalidad en ningún momento, de modo que el filtro certificado ISO 12312-2 debía mantenerse puesto durante todo el fenómeno, desde el primer contacto hasta la puesta de Sol. Con un 99,74 % de obscuración sigue llegando luz directa de la fotosfera a la retina, y el daño fotoquímico no produce dolor: aparece horas después y puede ser irreversible. La retirada del filtro solo es admisible durante la totalidad completa y únicamente dentro de la banda de totalidad, donde sí existen esos segundos sin fotosfera visible.
¿Cómo se calcula con tanta precisión por dónde pasa la banda de totalidad?
Mediante los elementos de Bessel, un conjunto reducido de coeficientes polinómicos que describen la posición del cono de sombra respecto a un plano fundamental y permiten derivar circunstancias locales en cualquier punto del planeta. La principal fuente de incertidumbre no es la geometría orbital sino ΔT, la diferencia entre el tiempo terrestre y el tiempo universal, que depende de la rotación irregular de la Tierra y solo puede medirse a posteriori. Para este eclipse se ha trabajado con un valor de 71,4 segundos. Cada segundo de error desplaza la banda unos 465 metros sobre el terreno.
¿Qué relación tiene un eclipse con la ingeniería de software?
La misma aritmética que hace que un 99,74 % de obscuración no produzca ningún efecto de totalidad explica por qué los porcentajes de disponibilidad resultan engañosos: un 99,74 % de disponibilidad anual equivale a casi veintitrés horas de servicio caído, mientras que un 99,99 % son cincuenta y dos minutos. La misma lógica aparece en la composición de errores, donde un paso con un 99 % de acierto encadenado cien veces desciende al 36,6 %. La conclusión práctica no es perseguir siempre el cien por cien, sino determinar en cada caso si el tramo final pendiente es accesorio o constituye el producto en sí.
¿Cuándo fue el eclipse total anterior en la península y cuándo son los próximos?
El anterior eclipse total visible desde la península ibérica fue el del 30 de agosto de 1905, más de un siglo antes. En agosto de 2027 se produce otro que cruza el sur peninsular, y en enero de 2028 corresponde un eclipse anular. Las duraciones de la totalidad varían mucho según el punto exacto de observación, sobre todo cerca del borde de la banda.
El blog, día a día
¿Te ha resultado útil o quieres comentar algo?
Hablemos →